Rusia y Cataluña: el relato que no sostienen los datos
¿De verdad estuvo Moscú detrás del desafío secesionista catalán? La respuesta corta es que no hay una sola resolución judicial que lo respalde. La respuesta larga la da el propio 1 de octubre de 2017, cuando las cancillerías occidentales no cerraron filas con Madrid:
Charles Michel, hoy presidente del Consejo Europeo, tuiteó que «la violencia nunca puede ser la respuesta»;
Jean-Luc Mélenchon habló de que «el Estado español pierde los nervios»;
Jeremy Corbyn calificó de «impactante» la actuación policial, y
Nicola Sturgeon pidió «dejar votar». Todos ellos, socios institucionales de España.
Lo que dijeron los socios europeos el 1-O
La cadena pública alemana
ZDF emitió, según se ha difundido, un programa infantil en el que se daba por bueno que «hubo un referéndum» y una «victoria independentista», y hablaba de «personas en las calles pidiendo la libertad de los presos». En paralelo, la CNN abrió su web con el titular «La vergüenza de Europa» y el
New York Times describió «caos» en Cataluña, según se recoge en el hilo. El patrón se repite, según los participantes, en
The Guardian,
Financial Times y la BBC.
Frente a ese coro, la postura oficial rusa fue la contraria: el Kremlin calificó el referéndum como «un asunto interno de España». La hemeroteca, insisten quienes sostienen esta tesis, desmiente la versión de una mano rusa detrás del procés.
¿Qué pruebas hay de la trama rusa del procés?
Ninguna firme. El caso se apoya en el testimonio de un empresario que se hizo pasar por enviado de Putin y que, según se ha publicado, actuó con la intención de estafar a los dirigentes independentistas. No hay sentencia que acredite financiación ni dirección rusa. Quien defiende la trama responde que la ausencia de condena no equivale a inocencia; quien la niega, que repartir sospechas durante años sin respaldo judicial es exactamente lo que ocurrió con la trama rusa de las elecciones estadounidenses.
Quién gana con una España fragmentada
El argumento central del planteamiento es geopolítico:
Alemania y Francia son los dos Estados que nunca se dividen ni se fraccionan, y les conviene que bajo su bota no haya países grandes capaces de oponerse a sus mandatos. Cuanto más troceados estén los demás, más absoluto es su poder. La desaparición de Checoslovaquia se cita como precedente. Para Rusia, en cambio, obstaculizar una jefatura francoalemana sin contrapesos sería lo esencial: de ahí que no le interese una España fragmentada, sino todo lo contrario.
El contexto que se olvida: la deuda y el indulto
En el trasfondo aparece la deuda pública como mecanismo de sujeción, y el recuerdo de las condenas por el desafío independentista seguidas de indulto. También la gestión de la pandemia, con un confinamiento que se califica de ilegal y una ruina económica posterior.
La pregunta de fondo no es qué hizo Moscú, sino por qué el relato que señala a Moscú resulta tan cómodo para quienes nunca señalaron a París ni a Berlín. Saludos cordiales, que diría alguien.