Medvedev amenaza con armar a Corea del Norte si Seúl ayuda a Ucrania
¿Cuánto hay de órdago real y cuánto de función en el último aviso lanzado desde Moscú? El expresidente ruso y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad,
Dimitri Medvedev, advirtió de que Rusia podría suministrar armas a sus «socios» de Corea del Norte si Corea del Sur da el paso de apoyar militarmente a Ucrania. La advertencia llegó justo después de que el presidente surcoreano,
Yoon Suk Yeol, asegurara que Seúl está listo para enviar armamento a Kiev, un giro sobre su posición previa, cuando ese apoyo quedaba «completamente descartado». Desde su canal de Telegram, Medvedev bautizó la maniobra con dos palabras:
quid pro quo.
Qué ha dicho Medvedev y qué cambia con su amenaza
La frase clave es la que apunta a que los surcoreanos verán las últimas muestras de armas rusas en manos de sus vecinos del norte. Es una amenaza construida sobre el mismo patrón que Moscú aplica desde el inicio de la invasión: si un tercer país rompe la baraja, Rusia responde donde más le duele al otro. El detonante está en Seúl, que había mantenido hasta ahora un perfil discreto en el envío de material letal y que, con el anuncio de Yoon, ponía sobre la mesa su capacidad industrial. Hasta aquí, el relato. A partir de ahí empieza el rosario de dudas.
¿Por dónde entraría ese armamento ruso?
Por una frontera que casi nadie mira: los
19 kilómetros que separan Rusia de Corea del Norte. Es el corredor natural para cualquier trasiego de material, y su existencia explicaría, según se apunta en el hilo, que el tráfico de tecnología militar entre ambos países tenga años de recorrido. La relación viene de lejos: hay quien sostiene que las nuevas armas que ha presentado Pyongyang en sus últimos desfiles guardan un aire familiar, poco casual, con los catálogos rusos. El problema es que esos 19 kilómetros también dejan en evidencia la asimetría. Rusia comparte con Ucrania una frontera de unos
2.000 kilómetros, el escenario donde se está librando la guerra.
El argumento que descoloca: Pyongyang ya suministra a Moscú
Aquí llega el giro que rompe el guion. Si Corea del Norte ya está enviando munición y proyectiles a Rusia, la amenaza de devolverle el favor suena rara. Se ha señalado en más de una dirección: no se puede sostener a la vez que Moscú mendiga armas a su socio y que, encima, va a regalarle un paquete militar. Las dos cosas juntas no cuadran. La explicación más lógica es que la amenaza no busca armar a nadie, sino disuadir a Seúl. Cada pieza de artillería que sale de Corea del Norte hacia Rusia y cada muestra de tecnología que viaje en sentido contrario son
moneda de cambio en un pulso que se libra en Asia, no en el Donbás.
¿Le quedan armas a Rusia para vender?
El debate sobre el arsenal ruso lleva meses enconado. Desde la trinchera crítica se sostiene que la industria de defensa rusa está quemando su prestigio de exportador: en los próximos diez años vendería mucho menos, y clientes que eran fieles —Argelia, India— mirarían ya hacia el material chino. La contrarréplica es que Rusia es uno de los pocos ejércitos con experiencia de combate real y que su armamento, por fin, se está probando en el campo. De fondo, la pregunta sin respuesta: ¿qué tendría en almacén para transferir sin desabastecer su propio frente? Ahí aparecen los viejos
T-54, carros de posguerra, y los prometidos misiles hipersónicos antibuque. La comparación con material moderno no aguanta.
El riesgo de convertir Asia en un polvorín
El factor que cambia todo no es militar, es humano. Ni a
China ni a Corea del Sur ni a EEUU les interesa que la península se convierta en un polvorín: para China y para la propia Corea del Sur eso significaría millones de refugiados, con el desgaste económico y la inestabilidad que eso arrastra. De ahí que cualquier movimiento necesite el visto bueno de Pekín, que, según sostiene un forero, reconoce como ucranianos los territorios que Rusia reclama. Y luego está el arma que ya existe: Pyongyang lleva años con la bomba nuclear y con misiles que la transportan. Quien crea que la amenaza va de mejorar su arsenal ofensivo se equivoca de diagnóstico.
Por qué Seúl se lo piensa dos veces
Corea del Sur tiene capacidad de sobra para fabricar y exportar armamento. Lo que no tiene es distancia geográfica. Cualquier paso hacia Kiev la coloca en el punto de mira de Moscú y, sobre todo, de su vecino inmediato. Ese es el cálculo que explica por qué ha tardado tanto en mover ficha y por qué el anuncio de Yoon se lee, más que como un compromiso, como una señal. Al final, la amenaza más temida de Moscú consiste en enviar a su aliado las armas que, según el propio relato ruso, ese aliado ya le está mandando a él. Si eso es disuasión, conviene revisar el manual.