Foreros sostienen que el 90% ya sabía que Sánchez no dimitía
Cinco días de reflexión, un anuncio sin preguntas y una conclusión que, según varios participantes del foro, casi nadie discutía de antemano: Pedro Sánchez sigue en la presidencia del Gobierno. La sorpresa no fue la decisión, sino comprobar, según esos mismos foreros, cuánta gente había construido durante el fin de semana una realidad paralela en la que el presidente se marchaba a casa. El resultado, afirman, es un ridículo que se mide en hilos abiertos y caras de circunstancia.
El anuncio sin periodistas y la promesa de «limpieza»
La comparecencia se produjo sin preguntas. Sin periodistas de ningún bando. Sánchez compareció para anunciar que no dimitía y para prometer una regeneración democrática que, leída entre líneas, algunos foreros interpretaron como un aviso de mano dura contra medios críticos. La ausencia de turno de preguntas dejó sin aclarar las incógnitas que el propio suspense había generado durante cinco días.
Según varios mensajes del hilo, quien se encierra a reflexionar durante casi una semana y sale a decir que sigue, no ha reflexionado, ha escenificado. La mayoría de los análisis disponibles apuntaban a lo mismo desde el primer día. El presidente no se iba ni con agua hirviendo.
El 90% de los foreros ya lo tenía claro
Según varios participantes, en torno al 90% de los foreros sostenía que Sánchez no dimitiría. Solo un 10% se creyó el teatro. Ese 10% es el que ahora recoge los restos, afirman.
Hay quien sostiene que el amago de dimisión fue una operación de movilización de bases. Otros apuntan a una simple huida hacia adelante para desviar la atención de los frentes judiciales. En contra pesa el argumento de que, si el objetivo era movilizar, el resultado fue el contrario: dejó en evidencia a quienes habían apostado por una salida que nunca estuvo sobre la mesa.
El patrón que se repite cada tres meses
No es la primera vez, según algunos foreros. El mismo patrón se ha repetido con las mascarillas, con los estados de alarma y con cada crisis que el Gobierno ha decidido convertir en un pulso de supervivencia. La secuencia es siempre idéntica: amago, suspense, anuncio sin preguntas y vuelta a empezar.
El cálculo completo, desglosado crisis a crisis, da una diferencia que sorprende: el coste de credibilidad acumulado es mayor que el de cualquier dimisión que nunca llegó a producirse. Quien haya seguido el rastro de las promesas incumplidas tiene material para un tratado.
El ridículo de los que apostaron por la salida
El fin de semana dejó un reguero de pronósticos fallidos. Los que aseguraban tener fuentes internas que confirmaban la dimisión han ido cerrando filas en silencio. Los que se rieron de quienes decían que no se iba, ahora buscan argumentos en la hemeroteca.
La conclusión es incómoda para todos: los que acertaron no lo hicieron por información privilegiada, sino por sentido común. Y los que fallaron no lo hicieron por falta de datos, sino por exceso de fe en un relato que se desmonta solo.
Lo que queda después del teatro
Queda un presidente reforzado en su relato de víctima, un Gobierno que promete limpieza sin concretar contra quién, y una opinión pública que ha asistido a otro capítulo de un guion ya conocido. La próxima vez que alguien anuncie una dimisión inminente, conviene recordar este fin de semana.
El dato que descoloca no es que Sánchez no dimitiera. Es que, a pesar de todo, sigue habiendo quien se lo cree cada vez.