¿Por qué el aspecto de una política de 57 años sigue siendo noticia?
¿Cuánto pesa una arruga en la carrera de una mujer pública? El caso de Reyes Romero, dirigente de Vox, sugiere que sigue pesando demasiado. A sus 57 años, la política se ha convertido en el centro de una oleada de comentarios que priorizan su físico sobre cualquier propuesta. La escena, repetida en cualquier rincón de internet, evidencia un doble rasero que la conversación pública no termina de resolver.
El físico como campo de batalla
Los comentarios sobre la apariencia de Romero van desde el piropo explícito hasta la exigencia de recurrir a la peluquería y el maquillaje para "aguantar" unos años más. Algunos análisis llegaron a especular con que le quedaban seis años de presunto buen ver. No se habló de sus decisiones políticas, ni de sus propuestas. Solo de la edad y la estética.
La anécdota se suma a una larga tradición de escrutinio sobre el cuerpo de las mujeres que entran en política. Mientras que a los varones se les juzga por sus ideas o su gestión, a ellas se les sigue evaluando el vestuario, el rostro y la edad. La edad, especialmente, se convierte en un arma: a los 57 años, un hombre es "experimentado"; una mujer, "tremenda", como se decía en aquella ocasión.
Un problema que no envejece
El caso podría parecer anecdótico, pero no lo es. La exposición de las mujeres a criterios estéticos tiene efectos medibles en su carrera: las empuja a invertir tiempo y dinero en su imagen, y las castiga cuando el tiempo pasa. La ironía es que mientras se discute si Romero sigue "estando buena", nadie pregunta si debería estarlo. Quizá ahí esté la clave de una conversación que Europa aún no ha sabido cerrar.