El Su-35 ruso: 24 derribos atribuidos y 85 millones por unidad
Un caza de 85 millones de dólares convertido en chatarra humeante. Según los informes que circulan desde el comienzo de la invasión, el
Su-35S Flanker E acumula 24 derribos a manos de la aviación y las defensas antiaéreas ucranianas: dos escuadrones completos fuera de combate, a precio de catálogo. Rusia lo vendía como uno de los mejores cazas de su arsenal. Sobre Ucrania, la etiqueta se ha caído. Y el problema, según coinciden varios análisis, no es solo el aparato: es todo lo que hay detrás.
Qué prometía el Su-35S y qué ha dado
El fabricante, United Aircraft Corporation, se jactaba de que el caza tenía la velocidad, el alcance, el conjunto de armas y la guerra electrónica para dominar el aire. Sobre el papel impresiona: caza monoplaza de superioridad aérea, en servicio desde 2012,
1.500 millas por hora de velocidad máxima, techo de 59.000 pies y 2.200 millas de alcance. Los motores de empuje vectorial Saturn 117S le permiten apuntar la tobera arriba y abajo para maniobrar a altos ángulos de ataque, algo que se usó mucho en ferias y poco en combate.
El detalle incómodo está en la electrónica. Su radar tiene un alcance de
155 millas y hay quien sostiene que no llega a rastrear varios objetivos a la vez, sino uno por pasada. Tampoco monta un radar de barrido electrónico activo, algo que se presupone a un caza de cuarta generación plus, y su sección transversal de radar es elevada: poca discreción. Los misiles aire-aire son modelos antiguos. Sumado a los problemas mecánicos que arrastra en el mercado de exportación, se entiende el ruido sobre un supuesto trueque con Irán: Su-35 a cambio de aviones de combate iraníes. Si Moscú empieza a limpiar la casa, la lista de compradores se estrecha.
Por qué Rusia no domina el cielo ucraniano
Mark F. Cancian, asesor principal del Programa de Seguridad Internacional del CSIS, lo califica de sorpresa mayúscula. «La incapacidad de Rusia para establecer la superioridad aérea al principio de la guerra fue una sorpresa. Seis meses después, Rusia todavía no ha establecido un dominio aéreo completo.» La expectativa general era otra: repetir el guion de Irak en 1991 y 2003, barrer las defensas antiaéreas en los primeros días y volar sin oposición el resto del conflicto.
¿Fallo de planificación? Cancian no lo cree: los rusos tuvieron tiempo sobrado para reajustar y no lo hicieron. Otros apuntan a la palanca opuesta, que el problema no es la ejecución sino el diseño mismo de la fuerza aérea. La aviación soviética se construyó para negar el espacio aéreo a la OTAN con interceptores, no para dar apoyo cercano a la infantería. Esa misión se ha cumplido:
la aviación ucraniana apenas sale de sus bases. El hueco aparece cuando hace falta acompañar a las tropas de tierra, y ahí no hay doctrina, ni medios, ni bombas.
Bombas tontas contra MANPADS
Ese es el punto que más chirría. Se han visto Su-34, teóricos cazas de superioridad aérea, lanzando bombas de caída libre a baja cota, expuestos a los MANPADS enemigos y pagando el precio. Si el arsenal de bombas guiadas fuera suficiente, se habría usado en una campaña aérea masiva contra Ucrania; el coste de un kit de guiado, incluso el más caro, es razonable frente al de un aparato de decenas de millones. La conclusión que se impone es otra: el stock es corto o inexistente, y por eso los cazas actúan como lanzaderas lejanas, disparando en tiro balístico desde fuera del alcance de la defensa antiaérea. Niegan el aire al rival. No controlan nada.
El precedente de Vietnam y su siete a uno
La comparación clásica viene de Vietnam: Estados Unidos desplegó cerca de 3.744 aeroplanos, 5.607 helicópteros y 578 drones, más unos 2.500 aparatos aliados, contra 150 o 170 aviones y helicópteros norvietnamitas. La USAF perdió 382 aparatos en combate y la Armada otros 75; Vietnam del Norte reconoció 60 y la Unión Soviética, 65. Eso deja un
7 a 1 a favor de los MiG-21, aunque el dato engaña: los duelos entre cazas fueron raros en un conflicto donde casi todo se decidía en tierra.
Y mientras se discute el dogfight que no ocurre, la flota del Mar Negro se ha alejado más de 400 kilómetros de la costa y Moscú ha dispersado diez cazas de Crimea hacia aeródromos del continente para evitar más pérdidas. Los que vuelan son cada vez más viejos: el
Su-24M, en servicio desde 1983, sigue en la lista.