Repsol ya fabrica gasolina «renovable» a escala industrial
Repsol ha logrado producir gasolina de origen 100% renovable a escala industrial en su planta de Tarragona, según anunció la compañía el 8 de octubre de 2025. El nuevo combustible, comercializado como Gasolina Nexa 95, ya está disponible en 20 estaciones de servicio españolas y la empresa prevé alcanzar las 30 a finales de año. El precio: unos 10 céntimos por litro más que la gasolina convencional, en el rango de la premium 98.
Hasta aquí el comunicado. A partir de aquí, el matiz que la propia nota de prensa deja entrever y que el titular se salta: según sostienen varios participantes del debate, lo que Repsol ha industrializado es un biocombustible sometido a un proceso extra de refinado, no un carburante sintético obtenido de electricidad ni una fórmula química que almacene excedente fotovoltaico. La palabra «renovable» hace un trabajo enorme en ese titular.
¿Qué es exactamente la gasolina renovable de Repsol?
Según un usuario del debate, el producto parte de residuos —aceite vegetal usado, entre otros— que se someten a un tratamiento químico adicional para que su formulación se parezca lo suficiente al combustible fósil como para mezclarse sin necesidad de etiquetarlo como biocombustible. Es decir: no lleva el cartel de E10 o E85 que delata la presencia de etanol. Ahí está la novedad técnica, porque biodiésel hay desde hace décadas, pero gasolina de origen biológico adaptada a la infraestructura existente es otra cosa.
El problema no es la química. Es la escala. Un combustible que se nutre de residuos de otras industrias —aceite de freidora, restos agrícolas, subproductos— tiene un techo productivo que viene impuesto por la cantidad de residuo disponible. Sirve para mover un porcentaje pequeño del parque automovilístico, no para sustituir el consumo actual de gasolina. Si hay que cultivar materia prima a propósito para alimentar la refinería, la factura se dispara y el balance ambiental se complica.
El precio y la etiqueta: lo que no cuadra
La Gasolina Nexa 95 cuesta aproximadamente 10 céntimos más por litro que la convencional, situándose en el rango de la premium 98. Con esos números, el sobrecoste anual para un conductor medio no es anecdótico. Y queda la duda fiscal: si un combustible renovable paga los mismos impuestos especiales que uno fósil, el incentivo para el consumidor se reduce a la etiqueta medioambiental.
Ahí asoma otra paradoja. Un coche de combustión que reposte esta gasolina emite menos que uno que use gasolina convencional, pero sigue emitiendo. La etiqueta de la DGT no distingue entre un diésel viejo y un vehículo alimentado con biocombustible. Hay quien reclama que estos carburantes obtengan la etiqueta ECO, lo que abriría la puerta a circular en zonas restringidas sin cambiar de coche.
¿Es esto competencia real para el coche eléctrico?
No, y conviene decirlo sin rodeos. El motor de combustión es mucho más ineficiente que el eléctrico en la conversión de energía en movimiento, así que generar la misma cantidad de kilómetros requiere más territorio, más materia prima y más proceso industrial. Según un cálculo que circula en el debate, las renovables necesitan menos suelo para producir la energía equivalente: una planta fotovoltaica de 500 MW ocupa alrededor de 1.000 hectáreas, y cubrir el consumo eléctrico español completo exigiría en torno al 0,6% del territorio. La comparación con biocombustibles no sale bien parada.
Lo que sí ofrece este producto es una vía de transición para sectores donde la electrificación llega tarde o no llega: camiones de largo recorrido, maquinaria agrícola, flotas pesadas. Ahí el biocombustible tiene sentido. En el turismo urbano, es una solución cara para un problema que ya tiene otra respuesta.
El contexto bursátil: la noticia también se lee en el parqué
Repsol ha subido más del 50% en pocos meses. Y en ese contexto, un anuncio de hito tecnológico difundido por medios económicos cumple una función que va más allá de la información: sostener el relato ante el inversor. No es una acusación, es un patrón conocido. Las empresas cotizadas comunican sus avances cuando les conviene, y los medios que leen los inversores amplifican el mensaje.
El combustible renovable existe, se produce y se vende. Lo que no existe todavía es la escala que permitiría hablar de sustituto. Con los datos disponibles a la fecha de este análisis, la gasolina 100% renovable de Repsol es un producto de nicho con vocación de transición, no la bala de plata que el titular sugiere. Si la producción escala más allá de los residuos disponibles, habrá que revisar la conclusión. Por ahora, el depósito sigue siendo minoría.