Represión financiera: el precio dice que no, la cantidad dice que sí
En apenas dos semanas de septiembre han ansioso dos textos sobre la misma pregunta, si estamos entrando en otra era de represión financiera, y llegan a respuestas opuestas mirando los mismos años.
El día 14, el economista jefe de Deloitte en Reino Unido contestaba que no, o al menos no todavía, porque los tipos de interés en Estados Unidos siguen por encima de la inflación, los bancos centrales son independientes y la deuda vence mucho antes que en la posguerra.
El día 26, cuatro economistas del FMI (Bolhuis, Koosakul, Shenai y Yang) resumían en VoxEU su documento de trabajo de julio con la conclusión contraria: la represión lleva subiendo desde 2008.
Los dos pueden tener razón porque miden cosas distintas.
Dos termómetros
Deloitte no ignora la cantidad; su autor define la represión por dos vías (mantener los tipos artificialmente bajos y obligar a los inversores domésticos a tener más deuda soberana) y reconoce incluso la regulación macroprudencial posterior a 2008 como variante moderna. Pero cuando tiene que decidir si hoy estamos ya en otra era, el peso lo carga sobre el precio: el tipo real de la deuda americana es positivo, y en agosto el treinta años llegó a pagar un 3% real; a eso suma la independencia de los bancos centrales y que los controles de capital de la posguerra han desaparecido.
Es el mismo diagnóstico de precio al que llegó este hilo, cuando admití que el diferencial real había pasado de varios puntos a unas décimas.
El FMI intenta medir directamente el otro canal, comparando cómo reparten su cartera los bancos, sujetos a normas que pueden empujarlos hacia la deuda pública, y los hogares, que no tienen esas normas y compran según rentabilidad relativa; lo que la banca acumula en deuda pública por encima de lo que esa rentabilidad y la conducta de los hogares predicen, el modelo lo cuenta como demanda cautiva. Aplicado a 17 economías avanzadas desde 1920, sale una curva reconocible que sube en entreguerras, toca máximo con la Segunda Guerra Mundial, aguanta alta durante Bretton Woods, cae con la liberalización de las cuentas de capital y vuelve a subir tras 2008. Sube más, además, la medida consolidada (la que añade los pasivos del banco central, incluidas las reservas bancarias), y los autores lo leen como un peso creciente de la vía monetaria.
Hay que leerlo con la cautela que ellos mismos piden; es un documento de trabajo, las opiniones son de los autores y no del Fondo, y lo presentan como descriptivo, no como pronóstico. Tampoco infieren intención porque una norma prudencial perfectamente legítima puede producir el mismo exceso medido.
Quien haya estudiado comercio internacional reconocerá la escena; medir la represión solo por el tipo de interés se parece mucho a medir el proteccionismo solo por los aranceles: con arancel cero y una cuota bien apretada se puede blindar un sector entero, y quien mire únicamente la tabla arancelaria certificará que ese comercio es libre. La cuota tampoco desaparece del precio, lo sube dentro de la frontera, y quien vende dentro cobra más que fuera. Aquí la frontera es el perímetro regulatorio y quien vende dentro es el Tesoro; cobrar más por un bono significa pagar menos rendimiento.
Con un modelo y un siglo de datos detrás, es lo que este hilo sostenía al pasar de los tipos a los mandatos, y cuando dije que lo cautivo es el intermediario regulado.
Cuánto, y según quién lo mida
Si se retira del mercado esa demanda forzada, el modelo puede calcular a qué tipo habría tenido que intoxicarse la deuda, y la diferencia con el tipo observado es la cuña de represión o repression wedge. Entre 1945 y 2020 su mediana es de 0,96 puntos en la medida fiscal y de 1,32 en la consolidada. En ahorro para el Estado, la mediana entre países pasó del 0,08% del PIB en 2008 al 0,51% en 2020.
Para la posguerra, en cambio, la cifra depende tanto del método que conviene no quedarse con ninguna. En Reino Unido, entre 1945 y 1955, el FMI atribuye a la represión unos 91 puntos de PIB, más que los 75 que bajó la deuda en manos del público, porque a precios de mercado el diferencial entre interés y crecimiento empujaba en contra; Nick Crafts, al que cita Deloitte, le daba el 60% de la bajada y dejaba el 40% para el superávit primario. En Estados Unidos la distancia se agranda. Deloitte dice que el reparto de Crafts es parecido; el FMI da a la represión 17,5 de 46 puntos, menos de cuatro de cada diez y por detrás del saldo primario. Reinhart y Sbrancia, que suponían el tipo contrafactual en lugar de estimarlo, son una tercera vara.
Lo que Deloitte acierta
Deloitte acierta en dos cosas, y el propio FMI se las da.
La primera es que ni con toda la maquinaria de posguerra (control de curva, controles de cambio, techos a la remuneración de los depósitos) se libraron de tener superávit primario. El FMI encuentra además que la represión es más alta justo cuando el saldo primario es más fuerte, o sea que históricamente ha acompañado al ajuste en vez de sustituirlo.
Para España, que licuó sin superávit, el patrón es incómodo, porque nos deja como la excepción y no como el caso de manual.
La segunda es que el mundo de 1947 ya no existe, y los autores lo escriben sin rodeos: con cuentas de capital abiertas, mercados integrados y alternativas fuera de la banca, una represión moderna tendría que funcionar por otros canales, salvo que cambie de forma sustancial el perímetro regulatorio o se pongan límites a la movilidad del capital.
Esa última frase me obliga a tocar el marcador.
El criterio de falsación que dejé para finales de 2028 vigila el perímetro (trato preferente para deuda soberana en la Unión de Ahorro e Inversión o en las transposiciones nacionales, y el poder de reserva británico), pero se dejaba fuera la otra puerta, que añado por escrito: también contará cualquier restricción nueva que limite materialmente la salida de capital o el acceso del ahorrador a activos fuera del perímetro.
Si en 2028 no ha pasado ni lo uno ni lo otro y el ahorrador cobra tipo real positivo sin que nadie le obligue a comprar nada, la tesis fuerte estaba equivocada por los dos termómetros a la vez, y lo diré aquí.
El precio va a seguir marcando cero un buen rato. Yo miraría la cantidad.
En apenas dos semanas de septiembre han ansioso dos textos sobre la misma pregunta, si estamos entrando en otra era de represión financiera, y llegan a respuestas opuestas mirando los mismos años.
El día 14, el economista jefe de Deloitte en Reino Unido contestaba que no, o al menos no todavía, porque los tipos de interés en Estados Unidos siguen por encima de la inflación, los bancos centrales son independientes y la deuda vence mucho antes que en la posguerra.
El día 26, cuatro economistas del FMI (Bolhuis, Koosakul, Shenai y Yang) resumían en VoxEU su documento de trabajo de julio con la conclusión contraria: la represión lleva subiendo desde 2008.
Los dos pueden tener razón porque miden cosas distintas.
Dos termómetros
Deloitte no ignora la cantidad; su autor define la represión por dos vías (mantener los tipos artificialmente bajos y obligar a los inversores domésticos a tener más deuda soberana) y reconoce incluso la regulación macroprudencial posterior a 2008 como variante moderna. Pero cuando tiene que decidir si hoy estamos ya en otra era, el peso lo carga sobre el precio: el tipo real de la deuda americana es positivo, y en agosto el treinta años llegó a pagar un 3% real; a eso suma la independencia de los bancos centrales y que los controles de capital de la posguerra han desaparecido.
Es el mismo diagnóstico de precio al que llegó este hilo, cuando admití que el diferencial real había pasado de varios puntos a unas décimas.
El FMI intenta medir directamente el otro canal, comparando cómo reparten su cartera los bancos, sujetos a normas que pueden empujarlos hacia la deuda pública, y los hogares, que no tienen esas normas y compran según rentabilidad relativa; lo que la banca acumula en deuda pública por encima de lo que esa rentabilidad y la conducta de los hogares predicen, el modelo lo cuenta como demanda cautiva. Aplicado a 17 economías avanzadas desde 1920, sale una curva reconocible que sube en entreguerras, toca máximo con la Segunda Guerra Mundial, aguanta alta durante Bretton Woods, cae con la liberalización de las cuentas de capital y vuelve a subir tras 2008. Sube más, además, la medida consolidada (la que añade los pasivos del banco central, incluidas las reservas bancarias), y los autores lo leen como un peso creciente de la vía monetaria.
Hay que leerlo con la cautela que ellos mismos piden; es un documento de trabajo, las opiniones son de los autores y no del Fondo, y lo presentan como descriptivo, no como pronóstico. Tampoco infieren intención porque una norma prudencial perfectamente legítima puede producir el mismo exceso medido.
Quien haya estudiado comercio internacional reconocerá la escena; medir la represión solo por el tipo de interés se parece mucho a medir el proteccionismo solo por los aranceles: con arancel cero y una cuota bien apretada se puede blindar un sector entero, y quien mire únicamente la tabla arancelaria certificará que ese comercio es libre. La cuota tampoco desaparece del precio, lo sube dentro de la frontera, y quien vende dentro cobra más que fuera. Aquí la frontera es el perímetro regulatorio y quien vende dentro es el Tesoro; cobrar más por un bono significa pagar menos rendimiento.
Con un modelo y un siglo de datos detrás, es lo que este hilo sostenía al pasar de los tipos a los mandatos, y cuando dije que lo cautivo es el intermediario regulado.
Cuánto, y según quién lo mida
Si se retira del mercado esa demanda forzada, el modelo puede calcular a qué tipo habría tenido que intoxicarse la deuda, y la diferencia con el tipo observado es la cuña de represión o repression wedge. Entre 1945 y 2020 su mediana es de 0,96 puntos en la medida fiscal y de 1,32 en la consolidada. En ahorro para el Estado, la mediana entre países pasó del 0,08% del PIB en 2008 al 0,51% en 2020.
Para la posguerra, en cambio, la cifra depende tanto del método que conviene no quedarse con ninguna. En Reino Unido, entre 1945 y 1955, el FMI atribuye a la represión unos 91 puntos de PIB, más que los 75 que bajó la deuda en manos del público, porque a precios de mercado el diferencial entre interés y crecimiento empujaba en contra; Nick Crafts, al que cita Deloitte, le daba el 60% de la bajada y dejaba el 40% para el superávit primario. En Estados Unidos la distancia se agranda. Deloitte dice que el reparto de Crafts es parecido; el FMI da a la represión 17,5 de 46 puntos, menos de cuatro de cada diez y por detrás del saldo primario. Reinhart y Sbrancia, que suponían el tipo contrafactual en lugar de estimarlo, son una tercera vara.
Lo que Deloitte acierta
Deloitte acierta en dos cosas, y el propio FMI se las da.
La primera es que ni con toda la maquinaria de posguerra (control de curva, controles de cambio, techos a la remuneración de los depósitos) se libraron de tener superávit primario. El FMI encuentra además que la represión es más alta justo cuando el saldo primario es más fuerte, o sea que históricamente ha acompañado al ajuste en vez de sustituirlo.
Para España, que licuó sin superávit, el patrón es incómodo, porque nos deja como la excepción y no como el caso de manual.
La segunda es que el mundo de 1947 ya no existe, y los autores lo escriben sin rodeos: con cuentas de capital abiertas, mercados integrados y alternativas fuera de la banca, una represión moderna tendría que funcionar por otros canales, salvo que cambie de forma sustancial el perímetro regulatorio o se pongan límites a la movilidad del capital.
Esa última frase me obliga a tocar el marcador.
El criterio de falsación que dejé para finales de 2028 vigila el perímetro (trato preferente para deuda soberana en la Unión de Ahorro e Inversión o en las transposiciones nacionales, y el poder de reserva británico), pero se dejaba fuera la otra puerta, que añado por escrito: también contará cualquier restricción nueva que limite materialmente la salida de capital o el acceso del ahorrador a activos fuera del perímetro.
Si en 2028 no ha pasado ni lo uno ni lo otro y el ahorrador cobra tipo real positivo sin que nadie le obligue a comprar nada, la tesis fuerte estaba equivocada por los dos termómetros a la vez, y lo diré aquí.
El precio va a seguir marcando cero un buen rato. Yo miraría la cantidad.
Bolhuis, Koosakul, Shenai y Yang, "The Coming Great Repression? New Measures and a Century of Evidence", IMF Working Paper 26/160, 31/07/2026: FMI
Los mismos autores, "Quantifying financial repression through the lens of portfolio choice: A century of evidence", VoxEU (CEPR), 26/09/2026: VoxEU. De aquí salen la cuña mediana, el ahorro fiscal y la descomposición de Reino Unido y Estados Unidos.
Debapratim De, "Are we in a new era of financial repression?", Deloitte Monday Briefing, 14/09/2026: Deloitte. De aquí sale la estimación de Crafts.
Reinhart y Sbrancia, "The liquidation of government debt", Economic Policy 30(82), 2015.
Tipo real del treinta años americano: curva par real del Tesoro, máximo del 3,06% el 17/08/2026.
Los mismos autores, "Quantifying financial repression through the lens of portfolio choice: A century of evidence", VoxEU (CEPR), 26/09/2026: VoxEU. De aquí salen la cuña mediana, el ahorro fiscal y la descomposición de Reino Unido y Estados Unidos.
Debapratim De, "Are we in a new era of financial repression?", Deloitte Monday Briefing, 14/09/2026: Deloitte. De aquí sale la estimación de Crafts.
Reinhart y Sbrancia, "The liquidation of government debt", Economic Policy 30(82), 2015.
Tipo real del treinta años americano: curva par real del Tesoro, máximo del 3,06% el 17/08/2026.