El Congreso tumba el veto antidesahucios y el bono social
El Congreso ha tumbado el veto antidesahucios, el bono social y las ayudas al
coche eléctrico. Tres medidas que el Gobierno presentaba como su escudo social y que se quedan en el limbo legislativo. La noticia, adelantada por
elEconomista.es, desata una tormenta de interpretaciones: desde quienes ven un simple accidente parlamentario hasta quienes sostienen que el Ejecutivo buscaba exactamente esto, que otros cargaran con la culpa.
Lo que sigue no es un análisis de despacho. Es el pulso de quienes llevan años pagando la factura mientras ven cómo se legisla a golpe de decreto y se promete lo que luego no se vota. Hay datos, hay cuentas y hay una pregunta incómoda: ¿a quién beneficia realmente que estas medidas caigan?
Qué se ha tumbado exactamente en el Congreso
El veto antidesahucios, el bono social eléctrico y las ayudas a la compra de coche eléctrico. Tres bloques distintos, un mismo resultado: no salen adelante. La medida estrella, el escudo que protegía a inquilinos vulnerables de perder su vivienda, se queda sin respaldo parlamentario.
Sobre el bono social, la discusión es más de fondo.
No lo paga el Gobierno: lo paga el consumidor en el término fijo de su factura, según el desglose que circula en el análisis. Es un impuesto encubierto a la energía. Que se tumbe o se modifique solo cambia a qué partida se disfraza. El debate sobre quién se beneficia —y si entre los beneficiarios hay quien no lo necesita— queda abierto.
El relato del decreto como estrategia política
Una parte del análisis sostiene que el Gobierno prefiere el decreto en Consejo de Ministros y dejar que el Congreso tumbe lo que no le conviene. Así puede culpar a otros y seguir con el relato diario. Es lo que algunos llaman
gobernar.
La cronología apunta en esa dirección: cuando un socio parlamentario retiró su apoyo, la legislatura entró en modo decreto o nada. Desde entonces, cada votación es una ruleta. La pregunta es si esto es un accidente o una estrategia deliberada para llegar a las urnas con el papel de víctima.
El problema de fondo: la vivienda y los desahucios
El veto antidesahucios no resuelve el problema de la vivienda, solo lo parchea. Quienes defienden medidas más duras argumentan que el gran tenedor real —fondos, SOCIMIs— tiene abogados para esquivar cualquier norma, mientras el pequeño propietario queda expuesto.
En el otro extremo, hay quien sostiene que
el fenómeno del inquilino que no paga se ha profesionalizado: firma con intención de no pagar, oculta ingresos y declara no tener nada embargable. La diferencia con el moroso clásico es la intención desde el minuto uno. Un registro de inquilinos morosos, consultable por los propietarios, es la propuesta que gana terreno en este lado del debate.
Los plazos de los desahucios en España
Entre
8 y 15 meses de media para echar a un ocupante o a un inquilino que no paga. Con la saturación de los juzgados, los plazos se estiran. En otros países, según los ejemplos que se citan, el lanzamiento se ejecuta en días o semanas desde la sentencia.
La comparación internacional es recurrente: en Italia, tres días desde la denuncia; en Estados Unidos, una o dos semanas. Aquí, hasta tres años. La pregunta que nadie responde del todo es si el problema es legal o de medios judiciales.
El bono social y quién paga la factura
El bono social no sale del presupuesto del Estado: se financia con el término fijo de la factura eléctrica de todos los consumidores. Es un impuesto encubierto. Quienes lo defienden argumentan que es necesario para familias vulnerables; quienes lo critican señalan que por los agujeros se cuelan quienes tienen segunda casa o pasta escondida.
La propuesta que gana enteros: que Hacienda verifique de verdad quién lo necesita. Si eres tan solidario, paga tú las facturas de quien se ríe en tu cara. El argumento es duro, pero conecta con una sensación extendida: siempre pagan los mismos.
Qué puede pasar ahora
El Gobierno puede intentar sacar las medidas por decreto, pero la aritmética parlamentaria no ha cambiado. La legislatura sigue en el aire. Hay quien sostiene que el presidente no convocará elecciones y aguantará todo lo que pueda, y quien cree que las urnas llegarán antes de lo previsto.
Mientras tanto, la vivienda sigue siendo el problema que nadie resuelve. Ni con veto ni sin él. Y la factura de la luz, la paga el mismo de siempre.