(mensaje citado en revisión)
Eso con Durruti no pasaba, incluso en la posguerra había respeto:
Marcelino Massana Balcells, conocido popularmente en el maquis como
"[…]" o "El Gros". [1, 2]
Este hecho real fue un famoso caso de castigo psicológico y humillación pública contra un empresario durante los años de la resistencia armada antifranquista en Cataluña. [1, 2]
- El escenario: Ocurrió en la fábrica textil de "La Plana", situada en la comarca del Berguedá (Barcelona). [1, 2]
- El motivo: El propietario de la fábrica (el Sr. Coloma) abusaba sistemáticamente de su autoridad y posición, ensaiándose especialmente con las mujeres trabajadoras de la planta. (Nota: Algunos testimonios orales de la época apuntaban a que el implicado real fue el padre o el suegro del dueño, quien acosaba habitualmente a las empleadas). [1, 2, 3]
- La acción: Al enterarse de los abusos, Massana y su grupo se presentaron armados en la fábrica. En lugar de ejecutarlo, decidieron infligirle un castigo ejemplarizante ante sus propias víctimas: lo desvistieron y lo obligaron a desfilar en calzoncillos por las naves de la fábrica, en medio de los telares y a la vista de todo el personal. [1, 2]
Esta anécdota caló tan hondo en la memoria popular y obrera de la zona que incluso el grupo catalán de rock combativo
Brams le dedicó una famosa canción homónima ("Massana"), en la cual relatan explícitamente el momento con la estrofa:
"i ara en calçotets, davant nostres matxets, passejareu, ridículs, enmig dels telers" («y ahora en calzoncillos, delante de nuestros machetes, pasearéis, ridículos, en medio de los telares»). [1]
Otro ejemplo:
un conocido episodio histórico de la dictadura franquista protagonizado por
José Antonio Girón de Velasco, entonces ministro de Trabajo.
El incidente ocurrió en un establecimiento público (según la tradición oral e histórica, un conocido café o restaurante de la época) cuando un joven de familia influyente y militancia falangista, de manera prepotente,
abofeteó a un camarero que le estaba atendiendo.
Al enterarse del suceso, Girón de Velasco —quien representaba el ala más volcada hacia la "justicia social" de la Falange y el sindicalismo vertical dentro del régimen— reaccionó con contundencia. Lejos de amparar al agresor por su posición o militancia,
obligó al falangista a pedir disculpas públicamente y de rodillas ante el camarero en el mismo lugar de los hechos, dejando claro que bajo su óptica nacionalsindicalista no se toleraría el desprecio clasista ni el abuso hacia los trabajadores.
Este relato se utilizó frecuentemente durante el franquismo para ensalzar la figura de Girón como un defensor del obrero y del respeto al productor frente a la soberbia de las clases acomodadas o los militantes descarriados.