Subir el SMI: los datos que sostienen y los que frenan la medida
¿Destruye empleo subir el salario mínimo interprofesional? Quien defiende el alza sostiene que no, o que al menos no lo ha hecho hasta ahora, y tiene ejemplos a mano: Reino Unido actualiza su mínimo cada año, también bajo gobiernos conservadores; Países Bajos acaba de subirlo; Irlanda sostiene un SMI muy superior al español sin que su economía se haya hundido. El matiz llega en la segunda pregunta, la que casi nadie responde: cuánta gente vive realmente de ese mínimo y cuánto margen queda antes de que la subida deje de ser un gesto.
¿Cuánta gente cobra el salario mínimo en España?
Con el SMI en 700 euros lo percibía el
5% de la población activa y el 95% restante estaba por encima, según un participante que cita al Instituto Nacional de Estadística. El dato deja deberes a las dos trincheras: si tan poca gente lo cobra, subirlo no debería mover el mercado; y si tan poca gente lo cobra, tampoco explica por sí solo ni el paro ni la creación de empleo.
Un participante sostiene que con el SMI en
400 euros los perfiles informáticos cambiaban de empresa cada seis meses para ganar más, los chavales de 16 años abandonaban los estudios para irse a la obra y en las obras se aparcaban más berlinas de las que correspondían a los sueldos oficiales. Ninguna orden ministerial repartía aquellos salarios; la actividad económica, sí. Otro defiende que en hostelería llegó a reconocerse que con un mínimo por debajo de 800 euros no se va a ninguna parte: sin consumo de fin de semana, los hoteles cierran.
El informe del Banco de España y el Nobel que se cita mal
Aquí el terreno está minado. Un participante advierte de que una parte del análisis repite que a David Card le dieron el Nobel por demostrar que el salario mínimo no destruye empleo. La lectura más incómoda, sostiene, es que lo que hizo Card fue construir un método para medir en qué casos concretos sí lo destruye, y
habría pedido expresamente que dejen de invocar su nombre para lo contrario. Aplicando ese tipo de metodología, y según esta misma versión, el Banco de España estimó en unos
200.000 los empleos perdidos con la subida fuerte del SMI. Los números se discuten. Lo que no aguanta es la caricatura.
¿Debe haber un SMI distinto para Madrid y Barcelona?
Para quien lo propone, con el precio del alquiler donde está, un mínimo idéntico para toda España deja de ser justicia y pasa a ser una lotería por código postal. Londres convive con un
living wage voluntario, por encima del mínimo nacional, porque en la capital el suelo legal no basta. De ahí salen las propuestas de un SMI autonómico, provincial o directamente municipal, calcadas del modelo estadounidense en el que el estado fija el suelo y el condado puede elevarlo.
La réplica tampoco es tonta: si el mínimo se trocea, la empresa que no pueda pagar el de la capital se muda al pueblo donde salga barato. Y hay un muro previo que ninguna subida derriba, la movilidad. De poco sirve un empleo mejor pagado a 400 kilómetros si el alquiler se lleva la mayor parte del sueldo. En zonas turísticas hay quien señala a funcionarios durmiendo en caravanas o compartiendo literas.
La indemnización por despido, el sospechoso habitual
La indemnización por fin de contrato temporal pasó de
8 a 12 días por año trabajado, y aun así hay quien sostiene que en cualquier empresa a la que se pregunte por qué no contrata más, la respuesta es siempre la misma: el coste del despido. El contraejemplo circula igual de rápido: cuando en España había un 40% de temporales con solo ocho días de indemnización, el paro rondaba el 20%. En el régimen anterior la indemnización era de 60 días y el desempleo oficial era del 3%.
De ese cruce salen dos propuestas incompatibles. Una, que cada empresa aparte cada año el dinero que le costaría despedir a un trabajador y no lo toque, como se hace con la fianza de un alquiler o con la
mochila austríaca: si alguien se va por causa mayor, cobra; si se va por capricho, no premia. La otra responde con aritmética: 16 millones de asalariados privados por un sueldo medio de 26.000 euros dan
casi medio billón de euros inmovilizado, depreciándose y con penalización fiscal. El desglose completo de esa cuenta, partida a partida, es el punto que nadie cierra.
¿Cuánto puede subir el SMI sin que se note?
Los salarios medios suben cerca del
4%, así que un 5% no parece descabellado. El problema es el principio y no la cifra: cada subida que no rompe nada se usa como prueba de que la siguiente tampoco romperá nada. Es el razonamiento del último paso antes del precipicio. En una economía sin industria y con la pyme camino de la extinción, el alza se acaba absorbiendo por precios o por plantilla: se paga mejor a quien sigue y se contrata menos.
Con estos mimbres, lo previsible es otra subida y otro año discutiendo si sirvió de algo. Lo que no aparecerá en ningún titular es la cifra de empleos que no se crearon. Nadie la mide, y por eso gana siempre quien tiene el titular más simple.