Sunak entierra el HS2 a Manchester con 100.000 millones en costes
Octubre de 2023. El primer ministro británico, Rishi Sunak, anunció la cancelación de la Fase Dos del tren de alta velocidad HS2, el tramo que debía conectar Birmingham con Manchester. La excusa oficial es aritmética: la inflación ha elevado el coste total proyectado por encima de
100.000 millones de libras, unos 120.000 millones de dólares. Downing Street asegura que ese dinero irá a otros proyectos de transporte repartidos por el país. Es la enésima marcha atrás de Sunak sobre políticas aprobadas por anteriores gobiernos conservadores, y deja en pie solo la Fase Uno, la que une Londres con Birmingham.
¿Qué queda en pie del HS2?
La construcción de la Fase Uno sigue en marcha entre Londres y Birmingham, en West Midlands, y los convoyes los fabrican una filial de la japonesa Hitachi y la francesa Alstom. El proyecto original prometía unir las principales ciudades con trenes capaces de alcanzar los
360 kilómetros por hora. Hitachi ya ha comunicado que su contrato permanece intacto y que sigue centrada en cumplir su misión. Traducido: los trenes se seguirán fabricando, pero la vía por la que iban a correr a toda velocidad se queda a mitad de camino.
¿Por qué el HS2 iba a costar más que toda la red española?
Por el precio del suelo y por un kilómetro de vía que se ha encarecido hasta lo indefendible. La comparación que circula es demoledora: el
Madrid-Barcelona costó 9.000 millones, y la red española se ha sacado adelante, según los cálculos que se manejan, con tramos que van de menos de 9 millones por kilómetro en terreno mesetario a
80 millones en Pajares, con una media que ronda los 20. La obra completa del HS2 iba camino de costar bastante más que toda la alta velocidad española ya construida o en obras.
En Reino Unido el suelo es carísimo, las expropiaciones se eternizan y el terreno, aunque llano y aburrido, no sale barato. La línea se metía además hasta Manchester Piccadilly, un trazado que encarecía aún más la factura. El argumento que más pesa entre los críticos del proyecto: se pagaba un sobreprecio brutal por una ganancia de tiempo de viaje que no era enorme.
De 2 horas y 6 minutos a 71 minutos: 25 minutos de diferencia
Según los cálculos que manejan quienes defienden la decisión, el trayecto actual Londres-Manchester son 2 horas y 6 minutos, con el HS2 hasta Manchester se quedaba en
71 minutos y quedándose la línea en Birmingham se queda en 96. La diferencia entre ambas opciones son 25 minutos, y esa es toda la mercancía que se compraba con el tramo cancelado. Quien defiende la decisión sostiene que Reino Unido no va a ser líder de nada por recortar 25 minutos a un trayecto que hoy se hace sin sufrir demasiado.
El norte que se queda sin tren: de Lincoln a Cambridge
El mapa británico explica el resto. Según se apunta en el debate, Lincoln tiene una población comparable a la de León y, sin embargo, solo la conecta una autovía con rotondas con las grandes vías del centro de Inglaterra, frente a los cuatro destinos por autovía o autopista de la capital leonesa. Norfolk, East Anglia y Cornualles son zonas hermosas y abandonadas. En Cambridge, con una industria potentísima, hay barrios recién construidos sin farolas porque el ayuntamiento decía que no había dinero.
Con
57 millones de personas viviendo en una superficie equivalente a la de Andalucía, Extremadura y Murcia juntas, la asimetría es estructural: el grueso de la inversión se lo come Londres y tres o cuatro oasis más. Hay quien sostiene que Birmingham despegó en los años sesenta y que la capital maniobró para frenarla; sea cierto o no, las Midlands llevan décadas en una reconversión industrial perpetua de la que no salen.
¿Es todo inflación o hay disfunción y corrupción detrás?
Los sobrecostes por inflación son admisibles en proyectos largos; lo que exceda de ahí ya es otra cosa, y la sospecha recorre medio mundo desarrollado. Estados Unidos, Alemania y Reino Unido pagan sus obras públicas un orden de magnitud por encima de un equivalente español. La explicación favorita es la disfunción: lobbies locales con agendas cruzadas, años sin grandes planes de infraestructura que dejan al país sin ingenieros con oficio, y decisiones que se eternizan. Hay incluso quien apunta que parte del presupuesto se fue en estudios de impacto social y de diversidad en lugar de en decidir por dónde pasan los túneles, una acusación sin verificar que resume el cabreo.
El cálculo electoral de Sunak
Los analistas políticos leen la cancelación como un movimiento de campaña. Las encuestas sitúan a los conservadores muy por detrás del Partido Laborista, y Sunak necesita votos donde el HS2 no los daba. Los partidarios del tren sostienen que habría reducido la brecha económica entre Londres y el norte; los críticos, que era un juguete carísimo. La división atraviesa el propio Partido Conservador, y del otro lado la oposición promete no subir impuestos y sonar fiscalmente sensata, lo que deja el espacio del derroche sin dueño claro.
El análisis se atasca justo aquí. Los mismos que celebran el ahorro admiten que, sin Fase Dos, Birmingham será el final de la línea y no el principio de nada. Y nadie ha explicado todavía por qué el país que inventó el ferrocarril paga hoy el kilómetro de vía como si tuviera que inventarlo otra vez.