¿Qué buscábamos realmente cuando aplaudíamos a los sanitarios que bailaban en TikTok?
Durante los meses más duros de la pandemia, mientras los hospitales colapsaban y faltaba material, una imagen se viralizó: sanitarios haciendo coreografías en los pasillos, con batas y mascarillas, al ritmo de canciones pegadizas. Lo que empezó como un desahogo individual se convirtió rápidamente en una moda global. TikTok, hasta entonces una red social china minoritaria, saltó a la fama mundial: su número de usuarios se disparó hasta igualar a Instagram. Pero no todo el mundo lo vivió como un gesto inocente.
La contradicción como herramienta
Hay quien sostiene que esa dualidad —la tragedia de las ucis y el baile ligero en el mismo escenario— sirvió para romper la brújula interna de la población. Te mostraron dos capas que no encajaban: por un lado el drama, por otro el entretenimiento. Y si te parecía extraño, te etiquetaban de conspiranoico. Eso, según algunos análisis, es gaslighting puro: hacerte dudar de tu propia percepción hasta que la realidad se vuelve borrosa y siempre reinterpretable.
Desperdicio y mensaje
Otra corriente señala lo absurdo de gastar material escaso —mascarillas, batas— en ensayos y grabaciones, mientras las salas de espera estaban vacías y la gente no podía acceder a centros de salud. Se criticó también el contacto físico entre sanitarios al bailar, en un momento en que se prohibía cualquier interacción social. La moda, para muchos, fue una forma de trivializar lo que ocurría dentro de los hospitales.
Cierre irónico
Años después, la mayoría ha olvidado los bailes, las ucis y hasta las medidas que los acompañaron. Como dice el refrán: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿celebramos una catarsis espontánea o nos vendieron humo con ritmo?