Un archivo de cine del Tercer Reich y su rastro de censura
Circula un recopilatorio de varias decenas de largometrajes rodados durante el Tercer Reich, unos
9 GB de material que abarcan desde el díptico sobre Bismarck hasta la superproducción Kolberg. La lista se ha ido completando con subtítulos y hallazgos posteriores, y sobrevive en plataformas de descarga pese a los avisos de retirada por incumplir sus términos. El motivo del interés no es estético. Es arqueología política y contable de un cine que, según uno de los participantes, Alemania todavía mira de reojo.
Qué películas incluye el recopilatorio del Tercer Reich
El inventario funciona como muestrario del aparato de propaganda alemán entre los años treinta y el final de la Segunda Guerra Mundial. Hay cine biográfico, bélico y grandes producciones históricas:
Bismarck y su secuela sobre la destitución del canciller, Der Postmeister, Titanic, Stukas, U-Boote Westwärts, Wunschkonzert o Hitlerjugend Quex. También aparece un título de agitación antisemita,
de triste memoria, incluido por su valor como documento del odio oficial más que por su calidad.
El conjunto se presenta como «cine distinto», frente a lo que se describe como la producción actual. Hay quien defiende su interés histórico y quien avisa de que estamos ante propaganda disfrazada de entretenimiento. Las dos cosas son ciertas a la vez, y ahí empieza la discusión.
Kolberg: la película más cara se rodó con el frente a punto de caer
Según se recoge en el hilo,
Kolberg fue la producción más costosa de la etapa. Se rodó mientras el ejército soviético avanzaba sobre territorio alemán y se llegaron a distraer soldados del frente para figurar como extras. La nieve de las escenas es sal.
Joseph Goebbels habría defendido que, aunque murieran todos, aquella película les justificaría ante la historia.
La cinta se concibió como herramienta para levantar la moral en un momento en que quedaba poco que levantar. El detalle del rodaje —recursos militares desviados a un plató— es el tipo de dato que, según los participantes, convierte este material en un documento económico, no solo cinematográfico.
Die Rothschilds y la lectura económica del cine de propaganda
La película sobre la familia Rothschild es una de las más comentadas y la más útil para una lectura financiera. Retrata cómo quedó quebrada la banca inglesa, cómo se financiaron los dos bandos de las guerras napoleónicas y contrapone el bando inglés —donde manda el libre mercado— con el francés, donde el poder lo ejerce un ministro de policía presentado como corrupto. El sesgo es de manual.
Según el análisis que acompaña al recopilatorio, el enfoque favorece al sistema napoleónico en unos casos y al mercado libre en otros, siempre en función del mensaje que interesaba. El cálculo completo, partida a partida, da para una clase entera de historia financiera con fines propagandísticos.
Las que faltan: Heimkehr y el guion de Mussolini
El listado se queda corto a propósito. Fuera quedan títulos que se anuncian para un segundo recopilatorio.
Heimkehr es, según se sostiene en el hilo, la única que ganó el premio Película de la Nación y servía para justificar el arranque de la guerra.
100 días reconstruye a Napoleón tras la fuga de Elba, su regreso, Waterloo y Santa Elena, y su guionista fue
Benito Mussolini. Lino de Irlanda, por su parte, destacaba por ser el primer título serio que tocaba el tema judío y por su retrato de la economía del imperio austrohúngaro.
La censura que un participante atribuye a Alemania
Uno de los participantes sostiene que las películas sobre Bismarck, biográficas y sin carga ideológica aparente, llegan con cortes en Alemania. Algunos tramos se ven borrosos, y ese mismo participante rechaza que sea un fallo de digitalización y lo atribuye a una supuesta tijera sobre el archivo. A eso se suma que, según él, la bandera y el himno siguen limitados en el país.
La conclusión que recorre la conversación es incómoda: se sostiene que Alemania mantiene su propia historia reciente mucho más acotada de lo que suele admitir en público.
Subtítulos automáticos: el último cuello de botella
Ver estas cintas en español sigue siendo la parte tediosa. Algunos archivos ya vienen traducidos; en otros se ha recurrido a
Plex, que localiza subtítulos en línea si el título se escribe correctamente en alemán. Los generadores automáticos, en cambio, engañan: los gratuitos se cortan a los diez minutos y el resto pide incrustar un archivo en lugar de crear la pista desde el audio.
El archivo se rearma cada vez que un enlace cae, y algunos títulos ya se comparten doblados o subtitulados. La parte técnica está resuelta a medias.
El fondo del asunto no se cierra por ningún lado. Para unos esto es una ventana a la historia; para otros, publicidad con banda sonora. Lo único que nadie discute es que un país sigue decidiendo a trozos qué parte de su propio cine puede verse, y que la nieve de Kolberg era sal.