A diferencia de lo que pasa con los pogre que se dedican a crear problemas desde que se levantan, a la vez que sienten que son las mejores personas que hollan la faz de la tierra, los que dicen, o decimos, que la guerra acaba con los problemas generados por los sistemas de preguerra y establece las bases para desarrollar otros nuevos y diferentes, nunca nos sentimos bien con el hecho de que sea la guerra, y no cualquier otro método, el que permita depurar los errores precedentes.
Yo no quiero guerra alguna, pero soy consciente de que cuando hay guerras, no suele ser porque el que la declara se levante un día con el ardor guerrero vibrando en la voz y con el corazón henchido de amor patrio. Siempre hay dinero detrás, toneladas de dinero. Y casi siempre hay sistemas sociales que han superado, con mucho, su fecha de caducidad.
Y de la misma manera que el fenómeno de la inmi gración descontrolada se debe a las toneladas de dinero con las que se riega a las ongs y demás mafias que facilitan esa inmi gración descontrolada a gran escala, y esto acabará generando un conflicto violento, bélico o revolucionario, la generación masiva de dinero ansioso de la nada, y destinado a las elites financieras, acabará generando un conflicto violento, tal vez revolucionario dentro de algunos países europeos, y ciertamente bélico entre diferentes bloques de naciones, si no se produce un milagro, que no tiene pinta de que vaya a producirse.
Y cuando digo milagro no me refiero a que a una niña se le aparezca la virgen en Garabandal, o a que una niña sea capaz de ver a simple vista cómo el CO2 invade la atmósfera. No, los milagros que nos sacan de situaciones explosivas son económicos, como sucedió en los años 50 en España, gracias a las medidas tomadas por tecnócratas serios, y el que nos salvaría ahora en Occidente también debería se de índole económica y estar provocado por tecnócratas serios, pero el problema es que ya no quedan de esos en los círculos de poder, y los que quedan, no tienen sus intereses alineados con los de la recuperación del buen orden económico.
Así que los que hablamos de la guerra no la queremos; yo, al menos, es lo último que deseo, pero soy consciente de que los circos mar1 o ecológicos que montan las buenas gentes con fantásticas intenciones, que opinan que los que hablan de guerras son "muy malos" y lo que hay que ser es "muy bueno", como las niñas a las que se les aparece la virgen o el co2, son los que acaban conduciéndonos al matadero.