La tesis de Espinar: Marruecos con Israel y EE.UU.
La versión oficial de lo ocurrido en Ceuta se ha quedado corta. O eso sostiene Ramón Espinar, que ha puesto nombre y apellidos a una autoría: Marruecos, con el apoyo de Israel y Estados Unidos.
La declaración, difundida en un contexto de tensión máxima en la frontera, añade un componente geopolítico que hasta ahora el Gobierno había esquivado. El Ejecutivo habla de “emergencia humanitaria” cuando otros vieron directamente una “invasión”.
Dos lecturas para el mismo episodio
La primera lectura apunta a una operación deliberada de Rabat. Según esta corriente, Marruecos buscaría presionar a España en la negociación sobre el Sáhara, el estatus de Ceuta y Melilla y el reparto de la presión migratoria. El respaldo de Israel y Estados Unidos encajaría con el realineamiento diplomático de Rabat, reconocido por Washington en el contencioso del Sáhara y con relaciones cada vez más estrechas con Tel Aviv. No es una teoría descabellada: la presión migratoria como instrumento de disuasión tiene precedentes.
La segunda lectura, más crítica con la gestión de Pedro Sánchez, sostiene que el Gobierno es el principal responsable. Se le reprocha haber debilitado el control fronterizo durante años, con discursos que minusvaloraban el problema, y ahora buscaría un chivo expiatorio exterior. La diferencia semántica entre “emergencia humanitaria” y “violación de soberanía” sirve, según esta visión, para manejar el relato sin asumir errores.
El coste económico que nadie calcula
La crisis no se queda en la foto de los saltos a la valla. El cierre de los pasos comerciales, las cancelaciones en el tráfico de mercancías y el clima de incertidumbre pasan factura a una economía regional que vive en buena medida del comercio transfronterizo y del turismo. La tensión diplomática con Marruecos, primer socio comercial de España en África, no es gratis para la inversión. Los operadores logísticos y las empresas exportadoras ya miran con recelo al otro lado de la frontera.
La advertencia de algunos analistas es que el coste no se limitará a la factura inmediata. Si la estrategia de presión de Marruecos escala, como advierte Espinar, el coste de oportunidad para la economía española se disparará, sobre todo en sectores con alta exposición al mercado marroquí.
Un aviso de más de una década
Lo más incómodo para el relato oficial es la persistencia de las advertencias. Desde hace más de una década, voces aisladas vienen alertando del uso de la migración como arma política por parte de Marruecos. Esas alertas fueron sistemáticamente descalificadas como alarmismo o racismo. El episodio actual les da la razón en parte, aunque nadie en la clase política quiera concederlo abiertamente.
La pregunta que queda en el aire es si España tiene una estrategia de Estado frente a Marruecos o solo una política reactiva, pegada a la coyuntura. La respuesta, como casi siempre, llegará cuando la próxima crisis golpee.
La tesis de Espinar puede ser exagerada o interesada, pero ha conseguido visibilizar algo que el poder quiere ocultar: la soberanía fronteriza tiene un precio y Marruecos lo conoce bien. Esperar a que la presión escale para negociar desde la debilidad no parece el mejor plan. A menos, claro, que alguien esté dispuesto a pagar la factura.