El cálculo de Rallo: 35 millones de migrantes para sostener las pensiones
La tesis que ha encendido el avispero es sencilla de enunciar y difícil de tragar: para que el sistema público de pensiones siga funcionando como hasta ahora, España necesitaría sumar del orden de
35 millones de cotizantes adicionales. La alternativa, si no llegan, es que los trabajadores actuales coticen por más del doble de lo que cotizan hoy. El economista Juan Ramón Rallo lo plantea como una cuestión de aritmética, no de simpatías. Y ahí empieza el problema, porque la aritmética tiene consecuencias políticas.
El planteamiento se apoya en una idea que Rallo repite desde hace años: el sistema de reparto es un esquema piramidal en el que las generaciones que entran tienen que sostener a las que salen. Si la natalidad se hunde y la esperanza de vida sube, la pirámide se estrecha por la base. La solución que propone no es otra que ensanchar la base por arriba, es decir, importar trabajadores. Quien no quiera eso, sostiene, tendrá que aceptar una subida fiscal enorme o un recorte de prestaciones.
Qué dice exactamente el vídeo y qué no dice
El detalle que más ha circulado es el de los
35 millones de inmigrantes. La cifra no sale de un ejercicio de estilo: es el resultado de proyectar cuántos cotizantes harían falta para mantener el ratio actual entre pensionistas y trabajadores en activo. El propio autor admite que el cálculo es conservador, porque cuenta de menos a los llegados y a sus hijos. Si se afinara, el número subiría.
Lo que el vídeo no discute es la naturaleza del sistema. No se pregunta si tiene sentido un modelo que necesita duplicar la población cada generación para no quebrar. Se limita a describir la ecuación y a señalar que, sin esa entrada masiva de cotizantes, la única salida es subir impuestos. Hay quien ve en ese silencio la prueba de que el liberalismo solo aplica la lógica de mercado cuando le conviene.
El paro del 20% que nadie mete en la ecuación
La objeción más repetida no es moral, es contable. España arrastra una tasa de paro real en torno al
20%. Si el problema es que faltan cotizantes, el país ya tiene millones de personas en edad de trabajar fuera del mercado laboral. Traer a 35 millones más para cubrir un hueco que existe dentro suena, como mínimo, a contradicción.
A eso se añade el perfil de la migración que llega. El cálculo de Rallo funciona si los recién llegados cotizan de forma sostenida y no consumen más de lo que aportan. Si una parte relevante entra en el sistema de ayudas y prestaciones, el saldo se invierte y la ecuación no cierra. Es el punto donde el debate económico se cruza con el político, y donde las posturas se atrincheran.
El argumento del ponzi: si hoy hacen falta 35, mañana harán falta 200
La crítica más afilada es la que señala que la solución propuesta reproduce el problema. Si el sistema necesita población nueva para pagar a los que se jubilan, y esa población también envejece, la próxima generación necesitará otra capa más. Primero 35 millones, luego 100, luego 200. La pirámide no se arregla: se estira.
Quienes defienden el planteamiento responden que eso es precisamente lo que llevan años denunciando: el sistema de reparto es insostenible por diseño y la migración solo compra tiempo. La diferencia es qué se hace con ese tiempo. Unos proponen transitar hacia un modelo de capitalización individual, asumiendo que todos perderían algo. Otros, simplemente, dejar de fingir que la cuenta cuadra.
Los casos que se citan como prueba y los que se omiten
En el debe de la argumentación está el uso de ejemplos internacionales. Se mencionan países del norte de Europa donde la inmigración habría coincidido con crecimiento económico. Lo que no se detalla son las consecuencias sociales, los costes de integración ni los resultados fiscales netos de esos mismos países, que en algunos casos han llevado a revisar la política migratoria.
También se echa en falta una comparación incómoda: hay economías con tasas de inmigración mínimas que sostienen sistemas de jubilación con edades de retiro más bajas. Si el vínculo entre inmigración y sostenibilidad fuera mecánico, esos casos no deberían existir. Existen.
Dónde se atasca la discusión
El problema de fondo no es cuántos inmigrantes hacen falta, sino qué se hace con un sistema que solo funciona si la población crece indefinidamente. Rallo pone el número sobre la mesa y deja que cada uno saque sus conclusiones. Los críticos le reprochan que el número, por sí solo, ya es una toma de posición. Y en eso, probablemente, todos tienen algo de razón.