Nadal anuncia su retirada entre elogios y reproches
El anuncio de la retirada de Rafael Nadal cierra una carrera con
22 títulos de Grand Slam y abre un pleito que va mucho más allá del tenis. La noticia, difundida por
El Correo, ha reactivado en cuestión de horas dos cuentas pendientes que llevaban años en la nevera: la gestión de su cuerpo y su papel público durante la pandemia. Nadie discute los números. Casi todo lo demás está en disputa.
22 Grand Slams y tres títulos en el tramo final
El dato que ordena el debate es contundente: desde 2020, ya con lesiones degenerativas y entrando y saliendo de las pistas, Nadal sumó
dos Roland Garros y un Open de Australia. Hay quien subraya que en ese mismo periodo la mayoría de los tenistas de la historia no ha ganado ni uno. La comparación sirve para medir la dimensión del personaje, pero también para abrir la pregunta incómoda: ¿a qué precio?
La respuesta más repetida apunta a un cuerpo reventado. Se habla de
lesión degenerativa de por vida en el pie, de quirófano tras Roland Garros 2021 y de una temporada 2022 en la que, contra todo pronóstico, volvió y ganó dos grandes más. El cálculo más optimista dice que mereció la pena. El escenario pesimista sostiene que debió retirarse con 34 años, aprovechando la pandemia, y que su físico lo habría agradecido.
La pandemia y la vacuna: el reproche que no se apaga
Aquí el hilo se parte en dos. Una corriente sostiene que su respaldo público a la vacunación lo convierte en colaborador necesario de lo que llaman
la ponzoña, y le desea lo peor. Otra recuerda que la vacuna fue presentada como imprescindible y hoy se trata como un asunto menor, y señala la incoherencia de quienes cambiaron de discurso. Las afirmaciones sobre efectos adversos o sobre supuestos pinchazos no están respaldadas por ninguna prueba aportada en el material; circulan como opinión.
El reproche más repetido, sin embargo, no es sanitario sino de compañerismo. Se le achaca no haber defendido a los tenistas que no quisieron vacunarse y haber priorizado su participación olímpica. Esa decisión, según esta lectura,
empañó una carrera impecable en lo deportivo y dejó un mensaje discutible para quienes quieren imitarlo.
El retiro tardío y la sombra del dopaje
Otra línea de crítica apunta al calendario. Se sostiene que se retira
cuatro años tarde y que su presencia en la Davis será celebrada como si cada bola fuera un acontecimiento histórico. Frente a eso, la defensa es aritmética: en 2022 ganó Australia y Roland Garros, algo que no había logrado nunca, y estaba en plena pelea por ser el tenista con más grandes. Retirarse entonces habría sido absurdo.
En el terreno físico, el material recoge testimonios de segunda mano sobre un supuesto desarrollo anómalo en su etapa juvenil y menciones a declaraciones periodísticas antiguas que nunca se concretaron. Son sospechas sin prueba, formuladas como rumor, y así deben leerse. La única certeza compartida es que
tiene 38 años y aparenta bastantes más.
El tenis español después de Nadal
El vacío que deja es difícil de medir. Hay quien recuerda que
Toni Bou suma 36 mundiales de trial y que la comparación con otros deportistas españoles siempre acaba en tablas. También quien apunta que su retirada deja al tenis español sin el paraguas mediático que durante dos décadas absorbió toda la atención.
La discusión sobre su figura se ha convertido en una discusión sobre el país. Unos ven a un señor que lo dio todo por España y por el deporte. Otros, a un representante de una clase media que antepone el éxito a cualquier otra consideración. Las dos lecturas conviven sin posibilidad de arbitraje.
¿Se puede separar al deportista del ciudadano que toma decisiones públicas?