Quiero pedir perdón en nombre de los franceses

Quiero pedir perdón en nombre de los franceses
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Un texto que circula en redes pide perdón, en nombre de los franceses, por haber dado origen a la llamada «Teoría Francesa», a la que atribuye el «wokismo». La acusación señala a Michel Foucault, Jacques Derrida y Gilles Deleuze como los autores de un marco que, exportado a Estados Unidos, habría dado forma a esa corriente.

Leer el resumen completo →

Un texto que circula en redes pide perdón, en nombre de los franceses, por haber dado origen a la llamada «Teoría Francesa», a la que atribuye el «wokismo». La acusación señala a Michel Foucault, Jacques Derrida y Gilles Deleuze como los autores de un marco que, exportado a Estados Unidos, habría dado forma a esa corriente.

Hay una disculpa que circula por internet y que empieza con un gesto teatral: pedir perdón, en nombre de los franceses, por haber parido la «Teoría Francesa». El texto, atribuido a un usuario francés, sostiene que esa corriente intelectual es la madre del «wokismo», al que describe como la peor de las derivas ideológicas. La cosa no se queda en la boutade. El texto acusa a tres filósofos concretos —Michel Foucault, Jacques Derrida y Gilles Deleuze— de haber fabricado el armazón conceptual que hoy, dice, paraliza a Occidente.

Qué sostenían Foucault, Derrida y Deleuze

El texto resume sus tesis con trazo grueso. Foucault habría enseñado que la verdad no existe, que solo hay relaciones de poder disfrazadas de saber: la ciencia, la razón, la justicia, la institución médica, la escuela, la prisión o la sexualidad serían puestas en escena de la dominación. Derrida habría enseñado que los textos no tienen un sentido estable, que todo significante resbala, que el autor está muerto y que el lector reina. Deleuze habría enseñado a preferir el rizoma al árbol, el nómada al sedentario, el deseo a la ley, el devenir al ser, la diferencia a la identidad.

Tomadas por separado, son tesis discutibles. El texto insiste en que, combinadas, exportadas y vulgarizadas, forman un sistema. Y a ese sistema lo llama veneno. La acusación no es original: la etiqueta «Teoría Francesa» se popularizó en Estados Unidos en los años ochenta para agrupar a estos autores y a otros cercanos. Lo que añade el texto es la cadena causal: de aquellos seminarios parisinos al activismo identitario contemporáneo.

El viaje a Estados Unidos y el cruce con el puritanismo

El texto describe un trayecto concreto. Estos textos, ilegibles en Francia, cruzaron el Atlántico. Los departamentos de Yale, Berkeley y Columbia los absorbieron en los años 80. Allí encontraron un terreno que no existía en casa: el puritanismo americano, su culpa racial, su obsesión identitaria. La Teoría Francesa se casó con ese sustrato y el hijo de ese matrimonio, dice el texto, se llama wokismo.

La genealogía que propone es explícita. Judith Butler lee a Foucault e inventa el género performativo. Edward Said lee a Foucault e inventa el poscolonialismo académico. Kimberlé Crenshaw hereda el marco e inventa la interseccionalidad. En cada paso, la matriz sería francesa: no hay verdad, solo poder; toda jerarquía es sospechosa, toda institución es opresiva, toda norma es violencia, toda identidad es construida y por tanto negociable, toda mayoría es culpable.

Así, según el texto, tres filósofos parisinos que probablemente nunca imaginaron sus consecuencias prácticas suministraron el software de explotación a una generación de activistas, burócratas universitarios, responsables de recursos humanos, periodistas y legisladores. El resultado, sostiene, es una civilización que ya no sabe decir si una mujer es una mujer, si su propia historia merece ser defendida, si el mérito existe o si la verdad se distingue de la opinión.

Los tres pilares que se dinamitan

El texto tiene una tesis de fondo, y la formula con calma. Una civilización se sostiene sobre tres pilares: la creencia de que existe una verdad accesible a la razón, la creencia de que existe un bien distinto del mal y la creencia de que existe un legado que transmitir. La Teoría Francesa se habría propuesto dinamitar los tres. No por maldad, matiza, sino por juego intelectual, por fascinación por la sospecha, por odio a la burguesía que los había alimentado.

El resultado, dice, está a la vista. Una generación aprendió a deconstruir y nunca aprendió a construir. Sabe sospechar y ya no sabe admirar. Ve el poder en todas partes y la belleza en ninguna. La disculpa, en ese sentido, es una forma de asumir una responsabilidad particular: es la lengua francesa, sus universidades, sus editores y su prestigio los que dieron a ese nihilismo su empaque chic. Sin la legitimidad de la Sorbona y de Vincennes, esas ideas nunca habrían cruzado el océano, sostiene el texto. Se exportó la duda como otros exportan armas.

La respuesta que propone el texto

El cierre no es una rendición. El texto señala que lo que se construye ahora, en Silicon Valley, en los laboratorios de IA, en las startups y en los talleres, es la respuesta. Una civilización se reconstruye por los constructores, no por los comentaristas. Por quienes creen que la verdad existe y que vale la pena consagrarse a ella. Por quienes asumen una jerarquía de lo bello, lo verdadero y lo bueno, y no tienen vergüenza de transmitírsela.

Es una posición discutible, y conviene tratarla como lo que es: una opinión atribuida a un texto que circula en redes, no un hecho establecido. La etiqueta «wokismo» es polémica y su definición varía según quién la use. La relación causal entre la filosofía francesa de los años sesenta y el activismo actual es una interpretación, no una demostración. Quien lea esto haría bien en acudir a las fuentes originales antes de darla por buena.

Datos clave
  • El texto pide perdón en nombre de los franceses por haber dado origen a la «Teoría Francesa», a la que atribuye el «wokismo».
  • Señala a Michel Foucault, Jacques Derrida y Gilles Deleuze como autores del marco conceptual.
  • Sitúa la absorción de esas ideas en departamentos de Yale, Berkeley y Columbia en los años 80.
  • Menciona a Judith Butler, Edward Said y Kimberlé Crenshaw como herederos de ese marco.
  • La etiqueta «Teoría Francesa» se popularizó en Estados Unidos en los años ochenta.
Publicaciones
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Mitrofán

Madmaxista
Desde
25 Ago 2008
Mensajes
17.584
Fruta
41.827
Quiero pedir perdón en nombre de los franceses por haber dado a luz la Teoría Francesa (que dio a luz a la peor de las ideologías: el wokismo).

Hemos dado al mundo a Descartes, Pascal, Tocqueville. Y luego, en las ruinas intelectuales del pos-68, hemos dado a Foucault, Derrida, Deleuze. Tres hombres brillantes que fabricaron, en la elegancia de nuestra lengua, el arma ideológica que hoy paraliza a Occidente.

Hay que entender lo que hicieron. Foucault enseñó que la verdad no existe, que solo hay relaciones de poder disfrazadas de saber. Que la ciencia, la razón, la justicia, la institución médica, la escuela, la prisión, la sensual, todo es solo una puesta en escena de la dominación. Derrida enseñó que los textos no tienen un sentido estable, que todo significante resbala, que toda lectura es una traición, que el autor está perecid y que el lector reina. Deleuze enseñó que hay que preferir el rizoma al árbol, el nómada al sedentario, el deseo a la ley, el devenir al ser, la diferencia a la identidad.

Tomados aislados, son tesis discutibles. Combinados, exportados, vulgarizados, forman un sistema. Y ese sistema es un veneno.

Porque esto es lo que pasó. Estos textos, ilegibles en Francia, cruzaron el Atlántico. Los departamentos de Yale, de Berkeley, de Columbia los absorbieron en los años 80. Encontraron allí un terreno que no existía en casa: el puritanismo americano, su culpa racial, su obsesión identitaria. La Teoría Francesa se casó con ese sustrato, y el descendiente de ese matrimonio se llama wokismo.

Judith Butler lee a Foucault e inventa el género performativo. Edward Said lee a Foucault e inventa el poscolonialismo académico. Kimberlé Crenshaw hereda el marco e inventa la interseccionalidad. En cada paso, la matriz es francesa: no hay verdad, solo hay poder, por lo que toda jerarquía es sospechosa, toda institución es opresiva, toda norma es violencia, toda identidad es construida y por tanto negociable, toda mayoría es culpable.

Así es como tres filósofos parisinos, que probablemente nunca imaginaron sus consecuencias prácticas, suministraron el software de explotación a toda una generación de activistas, burócratas universitarios, responsables de recursos humanos, periodistas, legisladores. Así es como se obtuvo una civilización que ya no sabe decir si una mujer es una mujer, si su propia historia merece ser defendida, si el mérito existe, si la verdad se distingue de la opinión.

Es un desastre por una razón simple, y hay que decirla con calma. Una civilización se sostiene sobre tres pilares: la creencia de que existe una verdad accesible a la razón, la creencia de que existe un bien distinto del mal, la creencia de que existe un legado que transmitir. La Teoría Francesa se propuso dinamitar los tres. No por maldad. Por juego intelectual, por fascinación por la sospecha, por repruebo a la burguesía que los había alimentado. Pero el resultado está ahí. Toda una generación aprendió a deconstruir y nunca aprendió a construir. Toda una generación sabe sospechar y ya no sabe admirar. Toda una generación ve el poder en todas partes y la belleza en ninguna.

Me disculpo porque nosotros, los franceses, tenemos una responsabilidad particular. Es nuestra lengua, nuestras universidades, nuestros editores, nuestro prestigio los que dieron a ese nihilismo su empaque chic. Sin la legitimidad de la Sorbona y de Vincennes, esas ideas nunca habrían cruzado el océano. Hemos exportado la duda como otros exportan armas.

Lo que se construye ahora, en Silicon Valley, en los laboratorios de IA, en las startups, en los talleres, en todos los lugares donde la gente todavía fabrica cosas en lugar de deconstruirlas, es la respuesta. Una civilización se reconstruye por los constructores, no por los comentaristas. Por aquellos que creen que la verdad existe y que vale la pena consagrarse a ella. Por aquellos que asumen una jerarquía de lo bello, lo verdadero, lo bueno, y que no tienen vergüenza de transmitírsela.

Entonces, perdón. Y al trabajo.
 
Si fueras de verdad francés y bien intencionado, pedirías antes perdón por la cantidad de miembros desparramados en andenes de metro de personas que no te habían hecho nada y que tú, o el gobierno o el estado del que formas parte —hasta que no reniegues del mismo, aunque sea de palabra—, hicisteis posible, asesinando a tanta gente y para que llegara al poder un sarta de indeseables como han demostrado que han sido por los resultados de lo que han hecho.

Como mucho francés hace 200 años, llora por lo que hacen, pero sin renunciar a lo que hacen..., so tonalidad de amistad, como escribió en un bando el Alcalde de un pequeño pueblo, entonces, llamado Móstoles.
 
Otro que se cree el ombligo del mundo. El pobrecito cree que adecuar la realidad a los intereses de las élites es fruto de la pogre cultural
 

Estadísticas del foro

Temas
2.055.415
Mensajes
58.316.344
Miembros
190.974
Último miembro
serpiente1010

El blog de burbuja.info

Volver