Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando

España, a la cola de la UE en gasto en educación superior

LA EDUCACIÓN SE ENCUENTRA EN UN DECLIVE GLOBAL, DE ACUERDO CON LA PRUEBA PISA



España es el quinto país de la UE que menos dinero público destina a educación
METODO SANCHEZ:

1° Debilitar- falta de recursos para mal funcionamiento

2° Cuestionar su servicio


3° PRIVATIZAR

 
Cuando yo estudié no había casi nada de eso que comenta y lo que hacían era explicar cosas de modo infumable para acabar en el examen planteándolas de un modo totalmente distinto y suspender a la peña a base de suspensos masivos.

Y ESO NO TE PREPARA PARA LA VIDA REAL.

En una empresa no te van a decir que te aprendas un manual de procedimientos que a la hora de sacar la faena no sirva para nada.

ERAN UNOS SÁDICOS que lo único que buscaban era catear a la gente simplemente porque en sus tiempos otros boomers también les fastidiaron.

Que se fastidien. Estos monstruos también los han ayudado a generar ellos.
 
España, a la cola de la UE en gasto en educación superior

El Gobierno recorta 1.300 millones en Educación y Universidades mientras presume de enseñanza pública​

Gobierno aprobó en 2023 una nueva Ley de Universidades (LOSU) sin fondos con el objetivo, inasumible hasta ahora, de destinar pogre el 1% del PIB a la universidad pública hasta 2030.
 
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El Gobierno recorta 1.300 millones en Educación y Universidades mientras presume de enseñanza pública​

Gobierno aprobó en 2023 una nueva Ley de Universidades (LOSU) sin fondos con el objetivo, inasumible hasta ahora, de destinar pogre el 1% del PIB a la universidad pública hasta 2030.

El PP exige 3.100M más para la universidad pública: el Estado no cumple el objetivo de gasto y da sólo un 6% de la financiación​

Los populares acusan al Gobierno de una "aportación casi nula" y exigen que cumpla su propia ley universitaria​

 

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El Gobierno sube en 4.000M el presupuesto en Defensa y reduce en 1.000M el de Educación​

El Ejecutivo acelera sus planes de gasto en Defensa con modificaciones presupuestarias. Los Ministerios que más recursos pierden son Hacienda, Educación y Ciencia​

 
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Y lo peor de todo, es que lo que invierten en educación, es para estudios de pinta y colorea. Sí por lo menos fuera para formar a profesionales, capaces de diseñar y construir armamento, otro gallo cantaría
 
Profesor universitario quejándose porque la chavalada pasa de su clase.

ME NUTRE
 
Relajaros un poco.
La gente inteligente es inteligente y por ello aprovecha lo que puede y se larga del país.

El resto mayoritariamente vive del Estado y para mantener al Estado se roba todos concertadamente el futuro financiero de los jóvenes.
 
pues felicidades tio
No me entiendas mal, el sistema educativo que disfrutamos en España es atroz, una sucesión aparentemente inabarcable de patidifuseces elevadas a la categoría de ley. Sin embargo, entiendo que como padre tengo el deber (y por suerte la posibilidad) de complementar la formación de mis descendientes para evitar que, al acabar la carrera, tengan carencias.
 
si ya sales con la gente y estas con el movil

salir a cenar que se supone vas a socializar

no es que sea el mayor ejemplo pero es que telita el viernes salgo a cenar y nada nos sentamos en la mesa y de 6 que eramos, 4 de ellos 20min con el movil comimos y de vuelta a eso hasta q nos fuimos

es tristisimo menudo problema esto de los moviles

una gran herramienta usada para cosas malas luego usas el movil para algo que no sea ver el instagram y parece que este viendo un alien haciendo magia
El otro día hablando con una médico me decía que la de depresiones y ansiedades que hay en los adolescentes y jóvenes se debería considerar como esa época en el 2020 de la que yo le hablo. Yo le pregunté que si eso estaba relacionado con el uso del móvil y las rrss y me dijo que sí, que es la principal causa de este problema.

Tienen el cerebro totalmente atrofiado, no tienen control de sus emociones y no tienen las herramientas intelectuales necesarias para utilizar los móviles de forma provechosa.

Es una pena, están todos condenados y no se dan cuenta. Y lo peor es que hoy es el móvil, pero esa adicción provocará que acaben teniendo otras peores (alcohol, tabaco, juego, alucinógeno ilegal, [...]).

La que nos espera es poca
 
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El freno a la universidad pública deja carreras con el 90% de aspirantes sin plaza​

La oferta en los centros públicos lleva años sin crecer y sin apenas ajustarse a la demanda, lo que provoca que, de media, dos personas aspiren a cada plaza que se ofrece con picos en algunos grados de hasta 40 personas por cada luga​

 
Tocho interesante sobre el bajón de nivel de los alumnos. Curiosamente el señor funcionario dice estar 'atado' y obligado a aprobarlos, con lo indiscutible que debe ser y todo eso.

Llevo impartiendo clases en la universidad cerca de 25 años, dos de ellos en la Universidad Complutense de Madrid y el resto en la Universidad de Granada. Por mis clases han pasado directivos de grandes empresas que tenían más o menos mi edad cuando les di clase y otros que, en sus generaciones respectivas, han ido ganándose un puesto en la sociedad gracias a su formación y a su esfuerzo.

La primera asignatura que impartí fue en el curso 1997/98. Era Dirección Estratégica de la Empresa (sigo aún impartiéndola), entonces del plan antiguo de 5 años de Económicas y Empresariales. Tenía matriculados 524 alumnos en cada grupo. Era imposible distinguir las caras de los que se sentaban atrás en aquellas gigantescas aulas del Pabellón de Tercer Curso de la UCM. Eso sí, las aulas estaban llenas. Algunos alumnos se tenían que sentar en las escaleras porque no cabían.

En las horas de tutoría, los alumnos hacían cola en la puerta de mi despacho. Responder todas las consultas, curiosidades, dudas… era tan agotador como satisfactorio. Las constantes preguntas de los estudiantes en clase me obligaban a llevar la materia muy preparada. Yo ya tenía 25 años y no recuerdo estudiar más que entonces.

La asignatura era dura y las preguntas de desarrollo configuraban exámenes que duraban horas. Era imposible corregir todo aquello en menos de diez días. Las revisiones eran complejas (sobre todo para los que estaban entre el 4 y el 5).

Todo lo anterior es tan sólo un eco del pasado.

Hoy me dedico a engañar más que a enseñar. Me explico a continuación.

Los grupos hoy son de unos 50 alumnos, de los cuales raramente viene a clase más de un 30%. Los que vienen, lo hacen en su mayoría con un portátil y/o un teléfono móvil que utilizan sin ningún resquemor durante las horas de clase. Las caras de los alumnos se esconden tras las pantallas. De hecho, me sé mejor las marcas de sus dispositivos que sus rasgos faciales. Es raro que alguien pregunte, por mucho que se les incite a hacerlo. Quince minutos antes de que acabe la clase ya están recogiendo sus cosas, deseosos de salir.

Cada vez me siento más como un profesor del instituto de una serie mediocre de los 80 que como un catedrático. A menudo tengo que callarme porque el rumor generalizado se extiende por el aula y me da vergüenza mandar callar a universitarios constantemente. He separado a gente para que no hablen entre ellos, he expulsado alumnos del aula y me he llegado a marchar de clase ante el más absoluto desinterés.

Soy consciente que para vosotros, soy sólo un estímulo más que compite con las redes sociales y el vasto imperio de internet. Evidentemente, soy más aburrido que un video de influencers de Tiktok.

Como respuesta a este panorama y, siguiendo las cambiantes normativas universitarias (siempre peores que las anteriores), los profesores hemos tomado cartas en el asunto con las siguientes medidas:

-El nivel de la asignatura ha bajado. Impartimos menos temas de manera mucho más superficial.

- Hacemos parciales tal y como establece la evaluación continua para tratar de aprobar a un mayor número de alumnos, pues un número de suspensos superior, a lo que la universidad establece como límite, conlleva una sanción que influye en el presupuesto del departamento, esclavizado a través del denominado contrato-programa.

- El nivel de los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasaría, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria. Pero eso, para nosotros es más que suficiente para poner un 5.

De este modo, cumplimos el contrato-programa, el departamento es feliz, la universidad es feliz, nuestros alumnos aprueban, creen que saben algo y son felices y nosotros languidecemos ante la triste realidad.

Por eso, te digo que me dedico a engañarte, querido alumno/a. Vives en una mentira que nosotros edulcoramos. Por eso, es mejor que si quieres seguir viviendo en tu burbuja, mientras puedas, no sigas leyendo, ya que voy a contar lo que hay detrás de Matrix.

Bueno, si sigues leyendo, lo haces bajo tu propia responsabilidad. No digas que no te advertí. Aquí van algunas realidades que no te van a gustar:

  1. Te faltan habilidades básicas indispensables en estudios superiores. No tienes capacidad de expresión. Tu vocabulario es muy básico y se limita a verbos débiles (hacer, ser, estar) en lugar de específicos como desarrollar, evolucionar, ampliar, …
  2. Por ello, cuando entregas un trabajo o haces una exposición de un texto que has copiado de Wuolah, El rincón del vago u otros, donde plantas frases como «considerando la posibilidad de articular el concepto de selección adversa con las bases teóricas de la economía de las organizaciones…», sé de sobra que no lo has escrito tú porque, para más INRI, cuando te pregunto en clase sobre el significado de esa frase, no sabes qué contestar.
  3. Por supuesto, al exponer en clase, la frase del punto anterior la has leído literalmente de tu móvil, del que no despegas los ojos aún enfrente de tus compañeros, y la has colocado en una transparencia de Powerpoint cuyo diseño en 1995 ya estaba obsoleto. El resto de tu presentación se limita al «efecto karaoke», leer los interminables párrafos que has cortado y pegado.
  4. No sabes estar. Sí, estar. Balbuceas, te encorvas, no fijas la mirada, llevas una o las dos manos en los bolsillos, vienes a una exposición en chándal o con leggins… No te dignas a respetar la institución milenaria que te acoge y que se llama universidad. No entiendes lo que eso significa y tampoco tienes ningún interés en saberlo.
  5. Si tu expresión es limitada, tu escritura lo es más. Se nota que ya no se hacen dictados en educación secundaria. Caso aparte merecen los alumnos que no hablan español y no comprendo qué hacen ocupando un asiento, especialmente aquellos provenientes del país creador de Tiktok.
  6. Jamás hubieras superado esta asignatura hace 10 o 20 años. De hecho, de tu clase, no más de 10 personas seguirían admitidas en estos estudios. Te lo dice un licenciado que acabó dos titulaciones en la Universidad Carlos III de Madrid donde tras 4 convocatorias suspensas de una asignatura, ibas a la calle.
  7. Tu nivel de lenguas extranjeras es nulo. Doy clases en un Máster íntegramente en inglés donde apenas hay españoles y el nivel de los estudiantes extranjeros es infinitamente superior. De hecho, el máster es lo único que alimenta mi motivación a enseñar.
  8. Las habilidades blandas brillan por su ausencia. ¿Liderazgo, resiliencia, trabajo en grupo? Son básicas para cualquier empleo. Cuando me escribes un email para decirme que te has peleado con tus compañeros de grupo o envías a tu progenitora a una revisión de exámenes, mi perplejidad no cabe en mi persona. Hace años que no recomiendo a ningún alumno para ninguna empresa.
  9. Vives anestesiado por las redes sociales. ¿Te crees que no me entero? Mientras doy clase veo tu cara de soslayo tras la pantalla con risitas y yo sé que explicar la cadena de valor de la empresa es de todo menos gracioso. No estás en clase, estás en Instagram. Pero yo me hago el […] y miro para otro lado.
Estos puntos son sólo la cima del Iceberg. Los profesores estamos hartos de formarnos en técnicas docentes multidiversas y de pelajes exóticos para motivar al alumnado. Lo que está claro es que si tú, estudiante, no tienes interés, yo no puedo plantarlo en ti. Pero sí puedo hacerte creer que vales, aunque sepa que es mentira. Me he convertido en un experto en hacerlo porque el sistema me lo exige y cumplo. Y rezo por que esto sólo me ocurra a mí, y como mucho en mi facultad, pero no ocurra en Medicina o Ingeniería de caminos, sobre todo cuando cruce un puente o, Dios no lo quiera, esté en la camilla de un quirófano.

Podemos echarle la culpa a la universidad pública y tiene bastante, pero no toda. «Si quieren calidad, que se vayan a la privada», he escuchado por ahí. Y los números van apuntando en esa dirección. Quizás, el pago de una matrícula de cuatro ceros aumente la motivación en lugar de las irrisorias tasas académicas públicas. Puede que la universidad pública reaccione cuando la privada le coma la tostada, cosa que está haciendo muy bien.

No obstante, mis evaluaciones docentes son muy buenas y las he publicado. Pero no soy una excepción. Cuando hablo con compañeros coinciden con mi visión. Escribir esto es arriesgado y es más cómodo callar y obrar. Lo entiendo perfectamente, patada y al área es la actitud mayoritaria.

No quiero terminar exponiendo un problema sin dar soluciones. Las hay. Pero para ello, hay que romper el paradigma en que estamos sumergidos y ser muy valientes. He aquí algunas propuestas incómodas:

  1. No somos todos iguales. Hay estudiantes con vocación e interés eclipsados por la mediocridad imperante. Centrémonos en ellos. La universidad es para formar a las élites intelectuales. Esa frase es del insigne Gregorio Peces-Barba, mi rector cuando estudiaba en la Universidad Carlos III, padre de la Constitución y socialista de los de verdad (cómo han cambiado las cosas). La Formación Profesional forma grandes profesionales que no han de ser universitarios.
  2. Devolvamos al profesorado universitario las competencias perdidas como autoridad intelectual a la hora de diseñar planes de estudio, modelos de enseñanza y currículum. No podemos esperar dos años a que la ANECA dé el visto bueno a una modificación de los planes de estudio. El mundo cambia demasiado rápido para seguir impartiendo contenidos obsoletos.
  3. Reforcemos las capacidades básicas en enseñanzas no universitarias: Enseñar a pensar, a enfrentarse a obstáculos, a expresarse, a tener modales, a leer y escribir bien en español e inglés, a tener tolerancia a la frustración y, sobre todo, a buscar la superación constante.
  4. Eliminemos cualquier rastro de gadgets tecnológicos en la enseñanza (lo que incluye ordenadores portátiles). Darle un Chromebook a un niño de 10 años es como darle una cuchilla de afeitar a un bebé. SEÑORES TECNO-POGRE LEAN ESTO POR FAVOR: Cruzar un puente no te hace ingeniero de caminos, de la misma manera que tener un ordenador no te hace nativo digital. Mis alumnos no saben, en su mayoría, elaborar un Excel o dar formato a un texto en Word. Las TICs a edades tempranas sólo sirven para distraer. La plasticidad neuronal se desarrolla con lápiz y papel, no con la dictadura de los teclados.
  5. Hacer sentir a los chavales orgullosos de quienes son y donde están, con admiración hacia lo que les rodea y hacia otras culturas. Fomentar la curiosidad innata y el respeto. Crear descubridores y jamás plantar la semilla del repruebo o la desolación. Huir de los nacionalismos, siempre manipuladores y huir de los populismos, de cualquier cosa negativa que acabe en ismo. La mente de un niño es sagrada.
  6. Fomentar la cultura de la competición y la colaboración en todo tipo de enseñanzas. El esfuerzo conlleva recompensa, a veces a largo plazo. Los mejores serán premiados y los peores se quedarán fuera de juego y, si quieren volver a entrar tendrán que esforzarse más, o bien, centrarse en otro juego, esto se llama flexibilidad académica. Si tu descendiente es malísimo en matemáticas, pero le encanta tocar la guitarra, quizás tengas que ponerle un profesor particular en guitarra y no en mates. Y el sistema ha de aceptar esto. Saquemos lo mejor de cada individuo.
  7. Con 18 años no sabes, salvo que tengas una vocación innata, que es lo que quieres estudiar (yo no lo sabía, pero tuve suerte al elegir). Flexibilicemos los primeros años universitarios y de FP. Las titulaciones no han de ser bloques de cemento. ¿Empiezas Informática y no te gusta? Hagamos pasarelas. Implantemos el major y el minor como en EE. UU. Que una mala decisión no frustre una vida.
En fin, querido estudiante, esto es lo que hay. Quizás seas la excepción a todo lo escrito, ojalá sea así, pero los números me dicen que las probabilidades son inferiores al 10%. En todo caso, no busques la solución en el estado, ni en los sindicatos, ni en los cantos de sirena de los -ismos, ni en las redes sociales. La solución está en ti. Si tú cambias, el mundo cambia.

Y si no quieres cambiar, no te preocupes, te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien.
"el profesorado"

"el alumnado"

"impartir"

Si el profesor habla con los términos de la neolengua pogre, ¿qué espera de los alumnos?
 
SOS por la calidad educativa en España: “Se está desposeyendo a los jóvenes de su futuro”
“degradación educativa”

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El profesor catalanista de Girona que desmonta el "disparate educativo" de Cataluña: "La escuela ha abdicado de enseñar"​

 
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