De '¡Que viva el IVA!' al PSOE: muere Concha Velasco a los 84 años
Era Nochevieja de 1985 y Concha Velasco salió en televisión para cantar «¡Que viva el IVA!». Según un usuario del foro, al día siguiente el impuesto entraba en vigor y los precios subían un
12% de un día para otro. Casi cuatro décadas después, esa escena sigue pegada a su nombre. La actriz ha fallecido a los
84 años en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, según el comunicado de su familia, tras recibir los santos sacramentos a consecuencia de una complicación en su enfermedad.
Murió el sábado 2 a las 02:00. Nacida en el barrio vallisoletano de Las Delicias, cerró una carrera de más de medio siglo que atravesó dos regímenes, decenas de películas y varias campañas que la opinión pública no le ha perdonado. Su muerte ha reabierto, en pocas horas, la discusión de siempre: cuánto hay de artista y cuánto de personaje político en su figura.
El «¡Que viva el IVA!» que nunca dejó de perseguirla
La escena es de las que se graban a fuego. La actriz cerraba el año cantando las excelencias del nuevo impuesto que llegaba a España. Al día siguiente, todos los productos subían un 12% de golpe. Hoy el tipo general del IVA va por el
21%. Pocas carreras artísticas quedan tan atadas a una decisión fiscal.
Para una parte del público, aquella colaboración con el fisco de la época es imperdonable: sostienen que la actriz puso su cara al servicio de un impuesto que castigó el consumo de las familias. Otros recuerdan que aquello fue un espectáculo de fin de año, pagado como cualquier otro, y que el impuesto lo había aprobado un gobierno salido de las urnas. El
debate político, en todo caso, ha sobrevivido a la propia Velasco.
Del cine del franquismo a la campaña de Zapatero
Ese episodio resume el reproche central que se le lanza: haber arrimado su imagen a cada poder de turno. Primero el franquismo, con su catapulta a la fama en el cine de los años cincuenta y sesenta. Después la democracia y, en concreto, el PSOE, con su apoyo explícito a José Luis Rodríguez Zapatero en plena campaña electoral.
Hay quien interpreta esa trayectoria como un manual de supervivencia sin principios. Enfrente pesa un argumento incómodo de rebatir: en un país donde el precio de no arrimarse era quedarse sin trabajo, no hubo muchos actores que se negaran a rodar bajo el régimen anterior. Para sus defensores, Velasco hizo lo mismo que sus colegas, con la diferencia de que ella lo hizo a la vista de todos y sin bajar la voz. Y una cosa no quita la otra: en vida se declaró siempre española, católica y de
Valladolid.
¿Fue una gran actriz? El legado que aún se discute
Tampoco hay consenso sobre su talento. Un sector reivindica su versatilidad, capaz de pasar de la comedia de los años sesenta junto a Tony Leblanc, Fernando Fernán Gómez o Alfredo Landa a papeles dramáticos de calado. Su interpretación de Santa Teresa de Jesús se cita como uno de los hitos de su carrera, hasta el punto de que hay quien sostiene que no se han rodado más películas sobre la santa de Ávila por no competir con aquel listón.
Al otro lado, la acusación de sobrevaloración es recurrente. Se le reprocha haber construido buena parte de su fama sobre la presencia mediática más que sobre el oficio, y se recuerda que su carrera televisiva, con programas de los sábados por la noche, llegó a más hogares que cualquiera de sus películas. El público que la vio crecer en la lista de los 40 Principales y en el único televisor de casa no distingue tanto entre una cosa y la otra.
El velatorio como último escenario político
Ni muerta escapó del rifirrafe. La presencia de cargos institucionales en su capilla ardiente reabrió el cruce de reproches entre quienes criticaban unas visitas y quienes criticaban las otras. La figura de la actriz, que siempre se llevó bien con el foco, terminó absorbida por la bronca política que ella misma había alimentado en vida.
Pocas biografías ilustran mejor cómo un país decide qué recordar de sus famosos. De las decenas de títulos y de los programas que presentó, lo que más se repite al hablar de ella es un anuncio de un impuesto de 1985. Puede que sea la definición más precisa de su legado: una actriz que pasó a la memoria colectiva por lo que cantó, no solo por lo que interpretó. Y el IVA, mientras tanto, sigue en el 21%.