La unión de Alemania y Austria en 1910 habría creado un gigante de 1,1 millones de km² que los británicos jamás habrían tolerado
Imaginemos un escenario sin Napoleón desmembrando el Sacro Imperio, sin la exclusión prusiana de Austria en 1866. Un pacto tardío, en 1910, que funde los Imperios Alemán y Austrohúngaro en un solo Estado germánico. El resultado sería una «Gran Alemania» de 1.100.000 km², con una población de casi 100 millones de almas, el corazón industrial de Centroeuropa y una posición geográfica que domina desde el Mar del Norte hasta el Adriático. El sueño pangermánico hecho realidad, o, según se mire, la peor pesadilla de Francia y Reino Unido.
Por qué esa unión no se produjo realmente
La historia real nos dice que el camino hacia la unificación alemana pasó por excluir deliberadamente a Austria. Tras la batalla de Sadowa (1866), Prusia impuso su modelo de Pequeña Alemania (Kleindeutschland) sin los Habsburgo. Las razones fueron múltiples: la rivalidad confesional entre la Prusia protestante y la Austria católica, el temor de Bismarck a incorporar los territorios no germánicos del Imperio Austrohúngaro —húngaros, checos, polacos, eslovenos, croatas— y la imposibilidad de que dos «naciones alfa» compartieran el liderazgo. Berlín y Viena no lograron ponerse de acuerdo ni siquiera en qué ciudad sería la capital, un pulso que, según un análisis, llevó a que cada imperio tirara por su lado.
Las consecuencias: superpotencia o «desastre total»
Si en 1910 se hubiera consumado la unión, la nueva entidad se habría enfrentado a dos grandes problemas. El primero, interno: la diversidad lingüística y cultural de Austria-Hungría habría pasado a ser un lastre para la eficiencia germánica. Algunos sostienen que el Imperio Austrohúngaro solo se sostenía por su estructura dual; absorbido por Prusia, las nacionalidades habrían reaccionado con violencia. El segundo, externo: Reino Unido no habría tolerado una potencia hegemónica en el continente. Desde el siglo XIX, la política británica se basó en mantener a Europa dividida para evitar un rival capaz de amenazar sus islas. Una «super Alemania» habría provocado una reacción inmediata, probablemente una coalición anglo-francesa-rusa que llevara a una guerra mundial antes o después.
El factor económico y colonial
Un bloque de 1,1 millones de km² con el Ruhr, Silesia y Bohemia integrados habría dispuesto de la mayor potencia industrial de Europa. En el plano colonial, el acceso al Adriático por Istria y Trieste habría dado a Alemania una salida mediterránea que nunca tuvo, alterando el equilibrio naval con la Royal Navy. Algunos imaginan incluso un «macroprotectorado alemán en Siberia» y una carrera espacial adelantada décadas. Pero estas visiones chocan con la realidad de que el Imperio Austrohúngaro ya se tambaleaba por sus tensiones internas; una unión forzada podría haber acelerado su descomposición, dando lugar a un «desastre total» en lugar de una superpotencia.
La ucronía queda abierta. Nadie sabe si el resultado habría sido un imperio estable que dominara Europa o una guerra civil que lo desgarrara. Pero lo que queda claro es que los intereses geopolíticos de Francia y, sobre todo, de Reino Unido, habrían hecho todo lo posible para que esa unión nunca llegara a consolidarse. Y probablemente lo habrían conseguido.
Debates relacionados en el foro