Un cómic de 20 euros sobre el amor entre una chica y un caballo
A 20 euros en la Casa del Libro. Dibujos que parecen salidos de un cuento para los más pequeños, portada amable y un título que no engaña:
Mi novio caballo. El texto que acompaña al volumen lo presenta como «una fábula moderna» en la que el amor entre una chica y un caballo es «sincero y poco distinto al de cualquier pareja convencional». La broma, si era una broma, dejó de serlo: el libro se ha convertido en el último campo de batalla de una discusión más grande, la de qué se publica, con qué dinero y para qué edades.
El asunto saltó a la prensa digital y de ahí a las redes, donde se difundió preguntando con retintín si aquello era un simpático libro «para nenes y jóvenes y jovanas». Bastó ese envoltorio para que el volumen pasara de curiosidad de catálogo a conflicto.
Qué cuenta el cómic y hasta dónde llega
La obra narra la relación sentimental entre una chica y un caballo y se comercializa en librerías generalistas, sin etiqueta de literatura infantil ni presencia en listas escolares conocidas. Entre sus páginas hay escenas de contenido sexual explícito, incluida al menos una centrada en el animal, descrita de forma gráfica según quienes han hojeado el ejemplar.
El precio,
20 euros, se ha convertido en el dato más repetido. No por barato, sino por lo contrario: se discute que alguien pague esa cantidad por un cómic cuyo dibujo, sostienen las críticas, no pasa de trazo elemental. Hay quien bromea con que está dibujado con el Paint y quien responde que el dibujo imita a propósito la estética de los cuentos para niños de
0 a 3 años. Ese detalle —el envoltorio, no el precio— es el que ha encendido de verdad la mecha.
¿Es un libro para niños?
No. No consta etiquetado como tal, y esa es precisamente la grieta por la que se cuela todo lo demás. La estética de cuento infantil y la mención a lectores jóvenes han disparado el temor de que la obra acabe en bibliotecas de colegios e institutos. Es una advertencia lanzada en voz alta, no un hecho comprobado: no hay confirmación de ninguna selección escolar.
El temor tiene antecedentes en el imaginario colectivo. Hay quien sostiene, a partir de vídeos vistos en redes sociales, que en Estados Unidos textos de contenido explícito aparecidos en fondos de centros educativos han provocado choques entre familias y docentes. De ahí al argumento de que lo que ocurre allí llega aquí con retraso hay un paso, y ese paso lo da cada cual por su cuenta, sin más respaldo que la intuición.
La etiqueta de zoofilia y lo que puede probarse
En el propio hilo hay quien afirma que a la autora se la ha llamado zoófila y atribuye ese calificativo a la ultraderecha, sin aportar prueba alguna. Conviene separar planos: lo publicado es una obra de ficción, y de esa persona no consta ninguna actuación judicial ni administrativa. Las acusaciones son calificativos vertidos en la discusión pública, no resoluciones de un tribunal.
Otra corriente de opinión sostiene justo lo contrario: que el problema no es la etiqueta, sino la existencia misma del producto y su circulación normalizada. Que un volumen así se venda en una web de librería generalista por 20 euros les parece síntoma, no anécdota. El reproche se dirige tanto a quien lo firma como a quien lo edita y lo coloca.
El negocio: tiradas, organismos y boicot
Aquí aparece la parte menos sentimental del asunto. Circula la sospecha de que determinadas administraciones —diputaciones, ayuntamientos y otros organismos— compran tiradas completas de publicaciones subvencionadas y que ese es el verdadero canal de venta de ciertos títulos. Es una afirmación repetida, no un dato documentado.
Lo que sí es verificable es el precio de venta al público y la existencia de un sello editorial dispuesto a publicarlo. Contra eso se han pedido boicots, con el argumento de que la polémica es gratis y funciona como escaparate. La consecuencia práctica, de momento, es la de siempre: el libro sigue disponible.
Videojuegos, animación adulta y el precedente que se invoca
En la discusión se han sacado a relucir series de animación para adultos, videojuegos de rol recientes y cómics eróticos con animales editados hace años. El razonamiento es que la ficción con relaciones entre especies lleva décadas en el catálogo adulto y que nadie la confundió con material escolar hasta ahora.
La contrarréplica también tiene recorrido: una cosa es que exista y otra que se publique con estética de cuento y se defienda como lectura juvenil. Ambos lados coinciden en un punto incómodo: el consumo de estas obras siempre encontró su hueco por debajo del radar, y el radar solo se activa cuando alguien decide hacer ruido.
Dónde queda todo esto
La propia contraportada admite el aviso: «las fábulas tienen a veces tintes trágicos». Nadie ha retirado el cómic de la tienda. Y a
20 euros el ejemplar, la polémica, que es gratis, sigue siendo el mejor escaparate disponible.