¿Qué nombre te pondrías si la conversación económica fuera cosa de mujeres? La ocurrencia recorre estos días los espacios digitales donde se discute de macro y de cuentas públicas. Las respuestas oscilan entre la socarronería y el prejuicio: la feminista que celebra las ayudas públicas, la jubilada de nombre castizo, la alusión sexual más o menos velada o el guiño a la política de turno. Nada de eso parece inocente.
El apodo como test proyectivo
Detrás de los apodos se cuela una economía política del resentimiento. La paguita, ese sustantivo convertido en arma arrojadiza, se asocia aquí a un perfil concreto: mujer, progresista y aficionada a vivir del Estado. El chiste revela antes la posición del que ríe que la del objeto de burla. ¿Molesta el subsidio o molesta quien lo recibe? Los datos de beneficiarias de prestaciones no están en la discusión, pero la inquina sí.
Hay quien lleva la provocación al terreno de la política: el apodo que juega con el apellido de la esposa de un dirigente conocido. Y quien, directamente, deserta hacia otros lares digitales, harta del espectáculo. Tampoco falta el guiño a la intérprete mexicana famosa por sus canciones contra el hombre. En conjunto, la colección de nicks funciona como un test proyectivo: dime qué nombre pondrías y te diré cómo ves a la mujer en la economía.
Al final, la pregunta era una broma, pero la respuesta dibuja un mapa de incomodidades. La economía sigue siendo un club de caballeros disfrazado de análisis técnico, y cuando se imagina una sala llena de mujeres, el chiste enciende las alarmas. Lo curioso es que nadie responde con un apodo neutral. La neutralidad, también aquí, es el único nick que no se le ocurre a nadie.