Sánchez y Begoña: 180.000€ en educación privada, el mismo discurso que la critica
Según datos que han circulado en redes, Pedro Sánchez y Begoña Gómez han desembolsado 180.000 euros por los estudios universitarios de su hija Ainhoa en la Universidad de Bristol, en el Reino Unido. La cifra choca frontalmente con el discurso recurrente del presidente del Gobierno en defensa de la educación pública como pilar de igualdad.
Pero no es el único caso. La segunda hija del matrimonio, Carlota, de 19 años, cursa un doble grado en ADE y Marketing en ESIC University, un centro privado católico de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Perteneciente a la Congregación de los Sacerdotes del Corazón de Jesús, ESIC representa justamente el modelo educativo que Sánchez ha criticado en múltiples ocasiones: privado, concertado y religioso.
El coste de la coherencia
Si el sueldo del presidente es público y no da para esos niveles de gasto —como apuntan algunos análisis—, la pregunta es inevitable: ¿de dónde sale el dinero? Las cuentas no cuadran con unos ingresos declarados que, aunque dignos, difícilmente permiten afrontar dos matrículas privadas de alta gama sin recurrir a ahorros extraordinarios o a ingresos adicionales de Begoña Gómez, cuyas actividades empresariales han estado bajo escrutinio.
Lo que está sobre la mesa no es solo un desembolso familiar. Es la distancia entre el relato oficial —el presidente que reivindica la escuela pública como la mejor opción— y la realidad de sus propias decisiones educativas. Una distancia que, en términos económicos, tiene un precio muy concreto: 180.000 euros, más la matrícula de ESIC.
Más allá del discurso
La ironía no se le escapa a nadie. Mientras desde la Moncloa se promueve un modelo educativo que acaba con los conciertos y se limita la libertad de elección, la primera familia de España elige exactamente lo contrario para sus hijos. No es un debate menor: si quienes defienden la educación pública con más ahínco no confían en ella para los suyos, ¿qué mensaje se envía al resto de la ciudadanía?
El caso de Carlota en ESIC añade otra capa: la universidad es privada y católica, dos adjetivos que el presidente ha combatido abiertamente. Que sus hijas estudien en centros que él mismo ha descalificado no es solo una contradicción personal; es un argumento en contra de su propia política educativa.
Con todo, la pregunta que queda sin respuesta es si este gasto es compatible con la austeridad que se predica desde el Gobierno. Mientras tanto, los 180.000 euros de Bristol y la matrícula de ESIC ya están pagados. El discurso, en cambio, sigue en el aire.