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En la GRECIA ANTIGUA, despues…
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Se cuestiona el modelo liberal económico actual, comparándolo con el evergetismo grecorromano, y se argumenta que ha llevado a una espiral de deuda e inflación que empobrece a la población.
El modelo económico liberal, ese que a menudo se nos presenta como el motor del progreso, lleva siendo objeto de debate y crítica durante siglos. Pero, ¿qué hay detrás de las cifras y las teorías? Si nos remontamos a la Grecia Antigua y a la Roma de emperadores como Augusto y Adriano, existía una práctica social llamada evergetismo. Las grandes fortunas privadas, incentivadas por el gobierno, realizaban generosas donaciones a las ciudades. El fin era noble: embellecer el entorno, construir infraestructuras necesarias, financiar ejércitos para la defensa, organizar los Juegos Olímpicos o levantar teatros. Incluso se creaban comedores sociales para asegurar un plato de comida a los más desfavorecidos. Era una cultura que buscaba crear una sociedad del bienestar, donde los más ricos compartían su riqueza, se sentían orgullosos de ello y recibían reconocimiento social por su contribución.
Este ideal de bienestar compartido, sin embargo, parece haber sido eclipsado por una mentalidad diametralmente opuesta. La crítica apunta a un cambio radical a partir del siglo XVIII y XIX, con la caída de las antiguas tiranías y el surgimiento de un nuevo orden basado en lo que se ha denominado "liberalismo burgués". Este periodo se caracterizó, según esta visión, por una serie de "latrocinios" en toda Europa. La gran banca y las multinacionales habrían empezado a acaparar fortunas, marcando el fin de la mentalidad de reparto grecorromana. En su lugar, emergió una cultura económica definida como "acaparadora, codiciosa y ladrona". Los patriotas europeos, hartos de este saqueo y de ver cómo la ciudadanía volvía a una situación de pobreza y precariedad, reaccionaron buscando un mayor control estatal sobre los medios de producción y los sectores estratégicos.
La narrativa crítica sugiere que las Guerras Mundiales fueron orquestadas para arrasar Europa y sus regímenes patriotas, allanando el camino para la imposición global del liberalismo. Desde entonces, se argumenta, la economía mundial se basa en lo que se denomina "economía judía", un sistema donde la deuda y la inflación son las protagonistas. El objetivo, según esta perspectiva, sería la depreciación constante de los ahorros para mantener a la población en un estado de pobreza perpetua y asegurar la dependencia a través de la deuda para cualquier necesidad. Las leyes, se afirma, estarían diseñadas para priorizar el pago de deudas, incluso por encima de necesidades básicas como la alimentación, la vivienda o la atención médica.
Este modelo liberal también permitiría la especulación, entendida como la concentración de bienes en pocas manos para fijar precios exorbitantes y exprimir a la población. Se señala cómo los precios de bienes de consumo básico se han multiplicado exponencialmente en las últimas décadas, provocando una pérdida masiva de poder adquisitivo. Mientras los precios se equiparan a los de países prósperos, los salarios se mantienen en niveles muy inferiores, generando una brecha insalvable. La crítica se agudiza al señalar que, ante esta situación, se culpa a la propia ciudadanía de su precariedad, tildándola de perezosa, cuando en realidad se la somete a condiciones laborales extenuantes. La pregunta que queda en el aire es si este sistema, que se presenta como una estafa de siglos, será finalmente cuestionado.
En la GRECIA ANTIGUA, despues…