¿Qué le pasa a Mohamed VI? La pregunta recorre los mentideros desde que el rey de Marruecos reapareció en público con un aspecto visiblemente demacrado. Una imagen de su última aparición ha reavivado las dudas: con
63 años, hay quien sostiene que el monarca ha adelgazado de un año a otro, y eso alimenta toda clase de teorías.
Sobre la salud, cero certezas. No hay parte médico oficial ni confirmación alguna. El diagnóstico que circula —una enfermedad grave en fase avanzada— lo hace
sin papel que lo respalde y conviene tratarlo como lo que es: un rumor. La imagen, en cambio, sí ha bastado para reabrir el asunto que centra el debate: la sucesión.
La incógnita del sucesor y la carta de Ceuta
El foco está en quién hereda y con qué estilo piensa gobernar. Hay quien sostiene que la propia familia real ha servido históricamente de engranaje de unidad nacional en momentos delicados. La reivindicación sobre
Ceuta se lee, según esa lectura, en ese marco: como gesto de política interna, no como un plan sobre el terreno.
Y luego está España. Hay quien sostiene que Marruecos mantiene en jaque a España y que eso dice mucho del país.
Con estos mimbres, ninguna lectura cierra. La salud del rey sigue siendo un expediente sin un solo folio. Lo único comprobable, de momento, es la imagen de su reaparición en público.