Cocos destrozados en París: la fiesta hindú que reabre la polémica
París tiene un problema con el coco, o más bien con la forma en que una celebración religiosa lo convierte en residuo. La festividad hindú de Ganesh ha dejado cientos de cocos reventados sobre el asfalto y una discusión que mezcla respeto religioso, civismo y costes municipales. Las imágenes, difundidas por redes sociales, muestran a fieles rompiendo los frutos contra el suelo como parte del ritual. La escena no ha tardado en viralizarse y ha vuelto a plantear hasta dónde puede llegar una tradición en el espacio público.
Biodegradable, pero no gratis
Hay quien quita hierro al asunto: los cocos son biodegradables y el desperdicio es comparable al que se produce en cualquier chiringuito de playa en un día normal. Los paralelismos con la Tomatina de Buñol aparecen por todas partes: una fiesta con derroche alimentario que rara vez genera el mismo escrutinio. Desde esa óptica, el debate no sería el rito, sino la regulación de actos que ensucian o dañan la vía pública y la convivencia en entornos urbanos cada vez más densos.
En el otro extremo, varios comentaristas denuncian que la celebración rayó el deterioro del mobiliario y que la factura de la limpieza acaba saliendo de los impuestos de todos. También han circulado reacciones abiertamente hostiles hacia la comunidad hindú, criticadas a su vez por su tono racista; el incidente ha servido para que aflore una tensión latente sobre el impacto de ciertas celebraciones religiosas en las ciudades europeas.
De momento, el ayuntamiento de París no ha anunciado ninguna medida concreta, y todo apunta a que la próxima edición volverá a dejar el mismo debate y, quizás, los mismos restos. Que una tradición milenaria pueda adaptarse al entorno urbano es razonable; que el consenso llegue sin fricciones, mucho menos.