La juventud española actual es físicamente más imponente que la de hace veinte años, pero las dinámicas de cortejo se han vuelto más complejas.
La percepción popular asegura que los jóvenes de hoy son más altos, más musculosos y, en general, más atractivos que sus predecesores de los 2000. Datos no oficiales apuntan a una estatura media que supera los 1,80 metros en varones, y las mujeres presentan siluetas más tonificadas –pechos, glúteos y piernas más definidos–, en parte gracias a la explosión de la cultura del gimnasio y la alimentación consciente. Coinciden múltiples observadores en que la desaparición de la celulitis y las cartucheras entre las jóvenes es un fenómeno notable, y que el uso del pareo en la playa ha quedado obsoleto.
Sin embargo, este avance estético no se traduce necesariamente en mayor éxito en las relaciones. Se argumenta que la competencia se ha intensificado: los varones deben acumular no solo músculo sino también altura (se mencionan los 1,90 metros como referencia) y, sobre todo, estatus económico o de influencia en redes sociales para acceder al interés femenino. Las mujeres, por su parte, habrían elevado sus exigencias y gozan de una oferta infinita a través de aplicaciones como Tinder, lo que genera una asimetría en el mercado del cortejo.
El factor gimnasio: salud o narcisismo
La proliferación de cadenas de fitness y la normalización de la hipertrofia como objetivo –frente a la fuerza bruta del trabajo manual– han cambiado el canon masculino. Se estima que un joven de 25 años con cuatro o cinco años de disciplina puede alcanzar un físico que sus padres ni soñaban. Pero también se detectan críticas: el exceso de cuidado personal se asocia a una supuesta pérdida de virilidad y a dinámicas de sumisión en las parejas. La depilación completa y la estética meticulosa, antes femenina, ahora es común en ambos sexos.
El recuerdo de los veteranos
Quienes vivieron su juventud en los 80 y 90 sostienen que, pese a una apariencia más tosca –vellosidad, menor masa muscular, siluetas menos trabajadas–, la libertad sexual era mayor y las oportunidades de relación, más abundantes. Se menciona que en aquella época un joven podía ligar varias noches a la semana sin necesidad de gimnasio ni inversión económica, mientras que hoy, aun con un cuerpo esculpido, debe sortear un laberinto de aplicaciones, exigencias y denuncias potenciales.
La paradoja queda abierta: nunca fue tan fácil alcanzar un cuerpo perfecto, y nunca fue tan difícil que eso baste para una relación satisfactoria. El mercado del afecto se ha inflado, y el capital físico es solo una moneda más.