Un millón de euros por localizar a Cryptospain
Un despacho de abogados pone precio a la cabeza de Álvaro Romillo, el promotor de criptomonedas al que se atribuye haber hecho desaparecer quince millones de euros de un cliente. La recompensa, de un millón de euros «libre de impuestos e ingresado en cuenta bancaria», se ofrece a quien lo localice en persona. El anuncio lo firma Preico Jurídicos, el mismo bufete que, según una versión que circula en el foro y no está confirmada, habría recomendado la operación al inversor. La cifra no es un detalle menor: si el abogado recomendó y ahora paga, el millón sale de su bolsillo o del de su cliente. Y ahí empieza el problema.
Quién es Álvaro Romillo y por qué se le busca
Romillo, conocido como Cryptospain, se movía en el circuito de cursos, mentorías y suscripciones sobre inversión en criptoactivos. En los vídeos aparecía con mascarilla, sin mostrar la cara, y prometía métodos para reducir la factura fiscal. El curso de «elusión fiscal» que se vendía por 3.000 euros consistía, según un usuario que dice haberlo descargado, en vídeos con generalidades y palabrería, sin un solo procedimiento concreto. Esa es la primera pista de cómo funcionaba el negocio: vender humo a precio de oro a gente que quería creer.
La desaparición de Romillo se produce después de que, según los mensajes del hilo, un inversor le confiara quince millones de euros. La versión que se maneja es que el dinero era intraceable y que el promotor ya tenía antecedentes de fricciones con Hacienda. Con esos mimbres, la pregunta no es por qué se fue, sino por qué alguien se lo entregó. El perfil del inversor que pone quince millones en manos de un desconocido con mascarilla no es el de un profesional del capital riesgo; es el de alguien que buscaba rentabilidades imposibles y encontró a quien se las prometió.
El negocio de la mentoría: suscripciones, cursos y comisiones
El ecosistema que rodeaba a Romillo incluía, según un mensaje del hilo, clubes de inversión por suscripción, conferencias, comisiones por captar capital para proyectos inmobiliarios y por convertir oro en dinero digital. Según un cálculo que circula en el foro y no está confirmado, ese entramado podía generar más de ocho millones de euros netos al año en ingresos legales. Si eso es cierto, la huida no cuadra: quien gana esa cifra no necesita arriesgarse a vivir con la cara tapada el resto de su vida por quince millones. Al menos, no desde una lógica económica elemental.
Ahí está el punto que nadie cierra. Hay quien sostiene que Romillo trabajaba desde el principio para alguien más grande, que su función era captar incautos y que el dinero nunca fue suyo. Otros creen que simplemente se le fue la mano, que mezcló capital de terceros con el suyo y que, cuando la estructura crujió, optó por desaparecer. Las dos explicaciones son compatibles con los hechos conocidos. Ninguna está probada.
La recompensa: quién paga y por qué ahora
El anuncio de Preico Jurídicos tiene un problema de credibilidad que no se resuelve con mayúsculas ni con emojis. Ofrecer un millón por localizar a alguien a quien se supone que ya tienes ubicado es una contradicción. Si sabes dónde está, no necesitas pagar a nadie; si no lo sabes, el millón es una promesa sin respaldo. La sospecha más extendida es que el bufete intenta presionar a Romillo para que devuelva el dinero o para que negocie, y que la recompensa es puro teatro.
También hay quien apunta al propio despacho como origen del consejo que llevó al inversor a entregar los quince millones. Si Preico recomendó la operación, el millón de la recompensa sería una forma de lavar su responsabilidad ante el cliente. Es una hipótesis, no un hecho, pero encaja con el tono del anuncio: más propio de una vendetta que de una acción legal.
El rastro de Alvise y la política que se cuela en el caso
El nombre de Alvise Pérez aparece en la conversación por una vía indirecta. Según una versión que circula en el foro, Romillo tendría información comprometedora sobre el entorno de Vox y habría sido dejado marchar a cambio de colaborar. Esa versión no está respaldada por ninguna prueba y se mueve en el terreno de la especulación política. Lo que sí es un hecho es que el caso ha servido para que se recuerde que Alvise admitió haber cobrado cien mil euros sin factura y haber llamado a no pagar impuestos. La coherencia entre el discurso y la práctica es, en este asunto, un bien escaso.
La conexión con Dubái también se repite. Varios mensajes sitúan a Romillo en Emiratos Árabes Unidos, un destino habitual para quien quiere desaparecer con dinero digital. No hay confirmación. Lo que hay es un patrón: el mismo lugar, el mismo tipo de perfil, la misma impunidad de facto.
Qué se puede esperar de una recompensa así
La recompensa no es una herramienta jurídica; es una herramienta de presión. Quien ofrece un millón por localizar a alguien está diciendo, en realidad, que quiere que ese alguien sepa que lo buscan. El efecto buscado no es la detención, sino el desgaste. Y en ese juego, el que paga suele tener más que perder que el que huye.
Mientras tanto, el dinero de los inversores sigue sin aparecer. Los cursos siguen vendiéndose. Y los que compraron la promesa de enriquecerse rápido siguen esperando a que alguien les explique cómo se recupera lo perdido. La recompensa no les devolverá nada.
Datos clave
- Recompensa ofrecida: 1.000.000 de euros libres de impuestos
- Capital presuntamente entregado a Romillo: 15 millones de euros
- Precio del curso de elusión fiscal: 3.000 euros
- Ingresos anuales atribuidos al negocio de mentorías: más de 8 millones de euros netos, según un cálculo que circula en el foro
- Cobro admitido por Alvise Pérez sin factura: 100.000 euros