El Perro se retira y adelanta la retirada un año, tras ocho en el poder por motivos puramente espurios y tácticos pensando en su beneficio personal y en mucha menor medida, en los intereses del PSOE.
El Sistema dicta que le toca mandar a Feijóo, que lleva años como un monigote diciendo obviedades esperando a que el turnismo lo ponga en Moncloa.
El votante medio se cree que con su voto influye en unas dinámicas que ya están trazadas y que no dependen de su voto mientras echan en cara al abstencionista que el abstencionismo no cambia las cosas.
El votante medio vota una lista de nombres desconocidos que no asumen ningún compromiso con el votante y que deben su puesto al que los puso en la lista y no a quienes votaron.
Algún votante, en un alarde de honestidad te reconoce que lo que vota no le convence, pero lo justifica en que la alternativa es PEOR, como quien está en una cárcel presto a aceptar una situación incómoda porque lo protege de otra aún peor.
El votante medio se siente violentado por el abstencionismo como en esa época en el 2020 de la que yo le hablo, el medicado se sentía violentado por el negacionista. El votante, como el medicado necesita sentirse parte de un grupo. El abstencionista, como el no medicado, no espera nada más allá de que no le molesten.