Yugoslavia: el país que fue potencia deportiva y dejó de existir
En 1992, el país ya no existía. Antes de desaparecer, Yugoslavia acumuló 94 medallas olímpicas (90 en verano y 4 en invierno), mientras España solo tenía 25. Un país balcánico, con una economía modesta, llegó a dominar el baloncesto, el balonmano, el waterpolo y el fútbol. La pregunta sigue abierta: ¿fue el comunismo, la genética o algo más?
La explicación más extendida señala al modelo comunista. Yugoslavia se distanció de la URSS, pero mantuvo la planificación deportiva y la propaganda de Estado: invirtió en colegios, fábricas, ejército y universidades. La comparación con Cuba, con 244 medallas y 10 millones de habitantes, sugiere que el sistema socialista rendía. Pero no todo es ideología.
La genética también cuenta: los Balcanes producen jugadores altos y atléticos. Y la historia apoya esa tesis: Yugoslavia ya fue semifinalista en el Mundial de 1930, antes de la era comunista, y repitió en 1962. Su pasado austrohúngaro dejó una cultura deportiva que luego floreció en Checoslovaquia, Hungría o Austria.
El legado perdura. Croacia, un país pequeño, ha alcanzado tres semifinales mundialistas, incluida la final de 2018. Serbia sigue produciendo estrellas del tenis y el baloncesto. La disolución del país no apagó la fábrica de talentos. Quizás la verdadera pregunta es por qué 30 años después sus sucesores siguen ganando.