Otro que pretende juzgar la Francia napoleónica por lo que ocurre en sus antiguas colonias dos siglos después. Menudo nivel.
Mientras Francia consolidaba la igualdad jurídica, el Código Civil, la administración profesional, los liceos, la promoción por mérito y unas instituciones basadas en la racionalidad legal, aquí seguíamos encumbrando a Borbones, curas, aristócratas y señoritos cuyo principal mérito consistía en haber nacido en la familia adecuada.
Francia estaba construyendo un Estado moderno, con instituciones, educación, disciplina administrativa y carreras abiertas al talento. España recuperó a Fernando VII, que liquidó la Constitución de Cádiz, restauró el absolutismo, persiguió a los liberales y devolvió al país a los privilegios del Antiguo Régimen.
Napoleón fue un autócrata imperialista, desde luego. Pero compare usted el legado institucional de ambos regímenes y dígame dónde preferiría vivir y desarrollar su talento un ciudadano sin apellido aristocrático.
Que dos siglos después todavía haya que explicar la diferencia entre una sociedad que premia el mérito y otra que consagra el privilegio hereditario explica bastante bien nuestro atraso histórico.