Por qué España cierra sus minas de carbón mientras importa electricidad de carbón jovenlandés
El senador del PP por León, Alfonso Rodríguez-Hevia, preguntó a la ministra Teresa Ribera por qué España cierra minas y centrales térmicas mientras compra energía producida con carbón a Jovenlandia. La respuesta oficial: el carbón jovenlandés es más barato porque no paga el régimen de emisiones de CO2 de la UE. Pero el debate va mucho más allá.
El carbón español: caro, malo y subvencionado
El carbón nacional es de baja calidad energética y su extracción requiere fuertes subvenciones. Durante décadas, las minas españolas se mantuvieron por razones políticas y sociales, no económicas. Importar carbón de fuera siempre fue más barato, incluso antes de que la UE impusiera tasas al CO2. Las térmicas españolas, obsoletas y sin inversiones en filtros, debían cerrar por la directiva europea de emisiones industriales.
La paradoja de importar energía sucia
Mientras España apaga sus centrales, Jovenlandia quema carbón sin restricciones ambientales y nos vende esa electricidad. El país vecino no está sujeto al sistema de comercio de emisiones (ETS) de la UE, lo que le da una ventaja de costes. En 2021, España llegó a importar el 13% de su consumo eléctrico, parte del cual provenía de carbón jovenlandés. La ironía: pagamos por energía más contaminante que la que podríamos generar nosotros mismos.
Renovables: ¿solución o espejismo?
Los defensores del cierre argumentan que las renovables son más baratas y limpias. Sin embargo, su intermitencia obliga a mantener respaldo de gas o carbón. Los datos del LCOE (coste nivelado de la energía) muestran que la fotovoltaica en España ronda los 40 euros/MWh, pero no incluyen los costes de almacenamiento ni de respaldo. Las centrales de carbón, aunque más caras, ofrecen potencia firme. Alemania, paradójicamente, ha construido 13 nuevas térmicas de carbón y sigue quemando carbón para más del 30% de su electricidad.
El coste oculto de la transición ideológica
Detrás del cierre hay también una decisión política. El Gobierno de Sánchez aceleró el calendario: todas las térmicas de carbón debían apagarse en 2020, cuando la UE permitía hasta 2025. Empresas como Endesa asumieron pérdidas millonarias por el deterioro de sus activos. Mientras, países como China o India siguen apostando por el carbón: India generó el 80% de su electricidad con carbón en 2024. La pregunta que queda en el aire: ¿es sostenible una política energética que externaliza la contaminación y la dependencia exterior?
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