El Orgullo ha desaparecido de los medios: ¿quién apagó el altavoz?
Hace apenas dos años, las cadenas de televisión dedicaban todo el mes de junio a la bandera arcoíris. Este año, la cobertura se ha reducido a una semana testimonial. ¿Qué ha pasado? La respuesta no es una orden desde arriba, sino un cálculo de rendimiento.
La competencia del fútbol y el hartazgo del votante
Durante semanas, la Eurocopa y la Copa América han copado las portadas. Pero eso no explica todo. Hay quien sostiene que el Orgullo ya no da votos: al contrario, los quita. El electorado, harto de la saturación de mensajes identitarios, castiga a los partidos que los promueven. La rentabilidad política del colectivo LGTBI habría caído en picado.
Institucionalización y cooptación: cuando el mensaje se diluye
Otra corriente apunta a que el Orgullo ha sido tan integrado en las instituciones –colegios, ayuntamientos, grandes corporaciones– que ha perdido su capacidad de generar noticia. Cuando un movimiento deja de ser contestatario y se convierte en una celebración patrocinada, los medios pierden interés. La paradoja es que el éxito del activismo LGTBI podría haber firmado su sentencia mediática.
Lo cierto es que nadie ha dado una orden de silencio. El mercado informativo simplemente ha decidido que el Orgullo ya no es rentable. Y en la economía de la atención, lo que no vende, desaparece.