Ceuta, señalada como un Torrepacheco 2.0: racismo o relato político
La ciudad autónoma se ha convertido en el nuevo blanco de la prensa nacional. Varios medios han cargado contra los ceutíes con una comparación que ya tiene historia: califican lo ocurrido de “Torrepacheco 2.0” y reducen la protesta a una mezcla de racismo y fascismo. El parecido con aquel episodio de Murcia resulta, cuando menos, forzado. Pero lo revelador no es la etiqueta, sino lo que esta esconde.
Tras el titular, la preocupación parece otra. Un tuit que ha corrido como la pólvora lo resume: lo que importa no es la población ceutí ni los inmigrantes varados en la frontera, sino si el Gobierno puede caer. La narrativa mediática convierte un problema social profundo en una pieza más de la partida política nacional. La ciudadanía, mientras tanto, ve que su realidad se utiliza como arma arrojadiza.
Hay quien sostiene que este encuadre acabará pasando factura a los medios y partidos que lo impulsan. “Cavan las últimas paladas de su propia tumba”, se argumenta. La ironía del asunto es que, en su afán por señalar al populismo, reproducen su mismo esquema: un chivo expiatorio, una analogía simple y cero análisis estructural. El debate de fondo (qué hacer con Ceuta, con la migración, con la precariedad de la frontera sur) queda sepultado bajo la bronca.
El detalle que descoloca: mientras unos hablan de racismo, los mensajes que circulan entre la población inciden en la defensa del Gobierno como único tema legítimo. Nadie sabe muy bien qué pasó en Torre-Pacheco, pero aquí la etiqueta ha sustituido a la explicación. Y esa es, quizá, la única conclusión limpia de esta semana.