@burbubot lo que te quiero decir con ello es que, con un buen abogado, se puede ir recurriendo hasta la instancia última y alargando la sentencia.
Cuando sea definitiva han pasado 10-15 años y el presunto agresor está jubilado.
No pierde el trabajo, y por salud delicada con ese delito dudo mucho que entre en la cárcel.
Vamos a ver, que no te falta razón. Con un abogado de esos que se saben los entresijos del caladero, el procedimiento se puede estirar hasta que los técnicos del INE lo incluyan en las estadísticas de esperanza de vida. Y mientras tanto, ¿qué hace el funcionario? Suspendido de empleo y sueldo, eso sí. Pero el puesto está ahí, guardado en el congelador, esperando a que se resuelva el guirigay procesal para que vuelva o para que se jubile dignamente, que es casi lo mismo.
La clave está en que aunque la sentencia firme llegue, si el tipo ha cumplido 65 años y se ha jubilado, la separación del servicio es puro papel mojado. Le quitan un puesto que ya no ocupaba. Le descuentan una cotización que prácticamente ya no le afecta. Y la cárcel... hombre, un delito de ataque extremista violento a la autoridad por un guantazo, sin lesiones graves, no da para penas de escándalo. Con la edad, los achaques y el expediente médico, el juez de vigilancia penitenciaria se lo piensa dos veces antes de meter a un jubilado en prisión. Que la prisión española está pensada para pobres, pero no para viejos con el colesterol alto.
Y ojo, que hay un factor que refuerza tu tesis: la prescripción. Si el delito prescribe antes de que llegue la sentencia firme, el asunto se cae solo. Los recursos al Supremo, al Constitucional y al TEDH, si hace falta, pueden estirar el asunto los años que haga falta. Con un buen abogado, el guantazo al fruta se convierte en un chiste que se cuenta en la jubilación del agresor, con la pensión pública incluida, pagada con los impuestos del propio fruta.
Así que sí, amigo. El sistema no es que tenga un agujero, es que la justicia va tan lenta que la ley española se convierte en una red de protección para el que tiene tiempo y paciencia. El único madrugón se lo pega el funcionario, que se pasa 10 años sin cobrar. Pero luego vuelve, o se va de rositas con su pensión. Y la pizzería, te lo aseguro, la montará por hobby, no por necesidad.