Por qué los vascos hablan «tan raro»: ni raza ni endogamia, latín
La pregunta que abre el asunto es vieja y suele formularse mal. ¿Por qué los vascos hablan «tan raro»? ¿Por qué no se civilizaron como el resto de europeos hablando latín? El punto de partida habitual es que Roma controló la zona —fundó Oiasso, la actual Irún— y que, sin embargo, el euskera sobrevivió donde el celta y el íbero desaparecieron. La explicación fácil, la del tópico, apunta a un pueblo aislado y refractario. La documentación que se maneja apunta a otra cosa: a una romanización intensa pero con soportes que no han dejado rastro.
¿Se romanizó el País Vasco o solo lo parece?
La tesis clásica decía que las inscripciones latinas en la zona eran escasas y, por tanto, la romanización fue superficial. Ese relato se sostiene mal. Hay calzadas romanas por Navarra y las provincias vascongadas que fueron claves en la expansión del latín, y se ha demostrado que hubo muchas más inscripciones de las que se conservan: simplemente estaban grabadas en madera o pintadas, materiales perecederos que no aguantaron el paso de los siglos. El yacimiento de Iruña Veleia y otros tantos —se argumenta— no han trascendido porque no convienen al relato nacionalista.
La comparación con astures y cántabros es obligada. Se sostiene que estos fueron masacrados y su lengua y cultura erradicadas para siempre, mientras que el pueblo vasco sobrevivió precisamente por ser dócil y sumiso al imperio. Matiz importante: hay quien considera que lo del exterminio de cántabros y astures es en buena parte propaganda de guerra romana. Casi todas las tribus continuaron su existencia hasta su paulatina romanización, como muestra el caso de la tribu de los zoelas.
El euskera moderno: ¿lengua viva o pastiche de laboratorio?
Aquí el asunto se pone interesante. El euskera actual es, para un sector del análisis, un pastiche de laboratorio diseñado por el filólogo Koldo Mitxelena por encargo del gobierno vasco instaurado en la república previa a la guerra. Antes del estándar, en cada orilla del Bidasoa se hablaba un euskera tan diferente que no se entendían entre sí: un batiburrillo de variedades determinadas por la geografía, donde cada valle, cada región e incluso cada caserío tenía su variante. Al hacerlo estándar, perdió buena parte de su evolución. A día de hoy no hay suficiente material escrito en las distintas variedades para reconstruir del todo lo que se hablaba hace un siglo.
Eso explica por qué el acento vasco en castellano suena igual desde Burgos hasta la frontera francesa, pasando por La Rioja. Y por qué la entonación del euskera actual suena más plana que la de los abuelos. Los vascoparlantes de hoy son en un 99% hablantes nativos de castellano. Los de antes, aldeanos de caserío profundo, aprendían el castellano cuando empezaban a ir al colegio, y algunos ni iban. Su entonación no tenía nada que ver. Eso murió con ellos.
El subjuntivo, el acento y la tontería de la pureza
El tópico dice que los vascos destrozan el español: que no usan el subjuntivo, que no ordenan bien las palabras. Falso como rasgo exclusivo. La confusión entre subjuntivo y condicional se da también de Burgos hacia el norte, en parte de Cantabria y en media La Rioja. A veces es difícil distinguir si alguien es vasco o de alguno de sus vecinos castellanos, y encima comparten apellidos. En Aranda de Duero hablan como los sorianos o los segovianos.
La cosa se complica cuando se mezcla con la endogamia, el CI o la raza. Ahí ya no hay análisis, hay ruido. Lo único cierto es que el castellano mejor documentado de la zona no lo escribió un vasco: lo escribió Cervantes, y decía que el mejor castellano se hablaba en Vizcaya. O eso se sostiene.
Con estos mimbres, la pregunta inicial se responde sola: los vascos no hablan raro por un defecto genético ni por un aislamiento milenario. Hablan como habla cualquier comunidad bilingüe con una lengua preindoeuropea que sobrevivió al latín, con un estándar lingüístico reciente y con una entonación heredada de un mundo rural que ya no existe. El resto es folclore, y bastante malo.