Iruña Veleia confirma su circo romano y deja atrás el fraude
El yacimiento alavés que saltó a la fama por unos falsos grafitos con presuntas inscripciones en euskera arcaico acaba de recibir un espaldarazo científico. La diputada foral de Cultura, Ana del Val, ha presentado en comisión el balance de las excavaciones: Iruña Veleia no solo es romana de verdad, sino que albergó un circo de dimensiones monumentales. La paradoja es que el mismo lugar que escenificó uno de los mayores escándalos arqueológicos de este país es ahora vitrina de la romanización en el País Vasco.
El fantasma de los grafitos falsos
Hace dos décadas, el hallazgo de fragmentos cerámicos con supuestos textos en euskera de hace 2.000 años revolucionó el panorama. Resultaron ser falsificaciones burdas. El golpe para la credibilidad del yacimiento fue durísimo. Durante años, cualquier descubrimiento en Iruña Veleia se miraba con lupa. Pero el trabajo metódico de los últimos años —impulsado por la Diputación— ha despejado las dudas: las estructuras romanas son genuinas.
Circo y controversia política
La confirmación del circo romano no es solo un hito arqueológico. En los corrillos digitales no han tardado en aparecer lecturas políticas: algunos lo interpretan como la prueba de que la Vasconia prerromana fue intensamente romanizada, contraviniendo el relato nacionalista de una excepción vasca impermeable a Roma. Otros, en cambio, ven en el anuncio un gesto institucional para enterrar el pasado fraudulento. La discusión, como suele pasar, mezcla datos y prejuicios.
El yacimiento era conocido desde hace un siglo, pero nunca se había sistematizado su estudio. «Les ha costado, ni que fuera la sabana santa», ironizaba un comentarista. Lo cierto es que el circo —una de las tipologías más escasas en Hispania— sitúa a Iruña Veleia entre los conjuntos romanos más relevantes del norte peninsular.
Qué significa este hallazgo
Frente al escepticismo lógico tras el fraude, la arqueología ha hablado con datos. Ahora toca consolidar la investigación y, tal vez, reconciliar al yacimiento con la opinión pública. La diputada promete «planificación, rigor científico y visión de futuro». Queda por ver si el relato político deja de contaminar la ciencia. Pero, al menos, el circo romano ya no es una farsa.