El victimismo judío: ¿estrategia o realidad histórica?
¿Por qué los judíos tienen ese complejo de eterna víctima? La pregunta, lanzada en un foro de historia, ha generado 72 respuestas en 52 días. Unos sostienen que se trata de una herramienta para obtener privilegios; otros, que es la consecuencia lógica de siglos de persecución. El debate, lejos de resolverse, expone las costuras de un tema que roza el antisemitismo y la libertad de expresión.
De la expulsión de España a los pogromos: una historia de persecución
El punto de partida es innegable: los judíos han sido expulsados de más de cien países a lo largo de la historia, según una afirmación que circula en el debate. Desde la expulsión de España hasta los pogromos en la Europa del Este, pasando por el Holocausto, la persecución es un hecho documentado. Como señala un participante, «si te echan de un restaurante, culpa del restaurante; si te echan de 109 restaurantes... Sí, todos te tienen manía, obviamente». La ironía sirve para cuestionar si tanta expulsión no indica algún problema intrínseco.
Sin embargo, otros argumentan que la historia judía no es un caso único de sufrimiento. «Hubo miles de pueblos que sufrieron peores desgracias», se afirma en el mensaje inicial. Se mencionan los irlandeses, los indios americanos, los alemanes expulsados de Europa del Este tras la Segunda Guerra Mundial o los españoles de América. La comparación busca relativizar la centralidad del Holocausto en la memoria colectiva.
El victimismo como estrategia de poder
Una corriente del debate sostiene que el victimismo judío es una herramienta consciente para obtener ventajas. «Les resulta rentable ante los goyim», afirma un mensaje. Se argumenta que siglos de lloriqueo han permitido a los judíos acceder a privilegios, y que hoy esa técnica se ha extendido a otros colectivos: mujeres, negros, migrantes, regionalistas. «El que curra con dos cojones y sin rechistar, ese a pagar paguicas para todos los inútiles llorones», resume otro.
Esta postura conecta con teorías conspirativas clásicas. Se cita una supuesta frase del Talmud: «hasta que no nos hayamos apoderado de todo, no debemos cesar de gritar: ay, que tormento!, ay que humillación!». Un participante desmonta la cita: «Es una cita muy usada como propaganda antisemita, no es simplemente que sea hostil a los judíos, sino algo más insidioso: toma un texto religioso auténtico, lo deforma y le agrega una supuesta exhortación colectiva de los judíos a apoderarse de todo». La cita, por tanto, es falsa.
La prosperidad como causa de la envidia
Otra línea argumental, expuesta en un mensaje destacado, atribuye la persecución a la envidia. «Tienen inteligencia y capacidad, por lo que pueden alcanzar altos puestos: y eso les gana la enemistad de otros que aspirarían a ellos. Son trabajadores e industriosos, por lo que si triunfan arrastran la envidia de los demás que no han triunfado». Se señala que siempre se ve al judío que prospera, nunca al que malvive. La banca, profesión lucrativa y necesaria, fue durante siglos uno de los pocos oficios permitidos a los judíos, lo que los convirtió en chivo expiatorio de las crisis económicas.
Esta visión es contestada por quienes recuerdan que no todos los judíos son ricos. «¿Has conocido a algún judío pobre? ¿O solo has conocido a los que salen en los libros de historia económica?», se pregunta. La generalización, se argumenta, ignora a la mayoría.
El sionismo y la acusación de doble lealtad
El debate deriva hacia el sionismo. «Una cosa son los judíos y otra muy distinta los sionistas», se afirma. Se acusa a Israel de instrumentalizar el Holocausto para justificar sus políticas. Se menciona que el Mossad entrenó a los primeros comandos de ETA y a la primera promoción de la Ertzaintza, y que la política de inmersión lingüística catalana es un calco de la hebrea en los kibutz. Estas afirmaciones, sin verificar, se presentan como evidencias.
También se alude a la Revolución bolchevique y a las purgas estalinistas como obras intelectuales de judíos, y a Kissinger como responsable de desestabilizar Hispanoamérica. Son acusaciones que mezclan hechos históricos con teorías conspirativas.
La pregunta que nadie responde
El debate no llega a conclusiones. Unos ven en el victimismo una estrategia de poder; otros, la respuesta natural a siglos de persecución. La única certeza es que el tema sigue levantando ampollas. Como resume un participante: «Todos los abusadores, tanto individual como colectivos, SIEMPRE van de víctimas». La ironía final: quizá los judíos no tengan el monopolio del victimismo, pero sí el de haberlo convertido en un arte.