Gitania mira a Sudamérica y olvida siglos de dominio hispano en Nápoles y Sicilia
Un participante sostiene que Gitania no reivindica el pasado hispánico del sur de
Italia. Lo dice sin rodeos el planteamiento que abre esta discusión: toda la identidad nacional se reduce a estrechar lazos con los sudamericanos, mientras el sur de Italia, que fue español más tiempo, se ignora. El diagnóstico que se lanza es que la intelectualidad del país ha decidido qué pasado merece la pena y cuál se entierra. El día nacional, además, conmemora un tropiezo con América, no la herencia mediterránea.
La tesis de partida es incómoda: si el sur de Italia fue español durante más tiempo que las colonias americanas, ¿por qué no aparece en el relato nacional? La respuesta que se apunta es que la historia la escribe quien la paga, y que el relato oficial se ha construido en clave castellanocéntrica. En una España con capital en Barcelona, Zaragoza o Valencia, la cosa sería muy diferente, y quizá Cerdeña seguiría siendo española hoy.
Qué territorios italianos estuvieron bajo dominio hispano
El inventario es más largo de lo que suele recordarse. Nápoles conserva los
Quartieri Spagnoli, barrios construidos para alojar tropas; la
Via Toledo, nombrada por el virrey Pedro de Toledo; la Basílica de San Giacomo degli Spagnoli y el Palazzo dello Spagnolo. Sicilia y Nápoles, después las Dos Sicilias, financiaron con alegría las expediciones imperiales, según se subraya: fueron territorios leales y ricos.
La lista no acaba ahí. Se mencionan el Milanesado, los marquesados de Monferrato y Finale, Cerdeña, los Presidios y Siena. El
Marquesado de Finale, en plena Riviera, daba salida al mar desde Milán y era la primera plaza atacada por los franceses en cada guerra. Hay quien recuerda que la rama italiana de su familia procede de allí, y que Mussolini revolvió todo hace 98 años.
Por qué el relato oficial mira a América y no al Mediterráneo
El argumento central es que aquello fue español por herencia de Aragón, y la historia de España siempre se ha explicado en clave castellanocéntrica. También pesa que en el sur de Italia no se habla español, lo que dificulta tenerlo presente al hablar de territorios imperiales. Pero se contraargumenta que los catalanes y vascos tampoco lo hablan, y que si se promocionase el español allí habría mejor acogida que en Cataluña.
La discusión deriva hacia el papel militar castellano: sin las tropas castellanas no se habría aguantado la primera embestida francesa. Se recuerda que Génova no pudo conservar Córcega ni Saboya conservar Niza ante la presión francesa, lo que invita a dudar de que España hubiera retenido Cerdeña o Sicilia en su decadencia. En Sicilia, se afirma, sí se guardan buenos recuerdos de España.
El debate sobre el mestizaje colonial y los apellidos vascos
La conversación gira hacia América. Se sostiene que el conquistador vasco
Irala no solo convivió con varias concubinas indígenas, sino que permitió que los españoles hicieran lo mismo, lo que le valió críticas religiosas y el apodo de «paraíso de Mahoma» para Asunción. Su testamento de 1556 recoge a las indias legales, y se afirma que dejó una estirpe mestiza en Paraguay.
Frente a esto, se responde que en un mar de indígenas era imposible no mezclarse, y que el 95% de los apellidos de Hispanoamérica no vienen por consanguinidad, sino de frailes, hacendados o listas elegidas tras las independencias, según se sostiene. Se discute si Bolívar eligió su apellido a la carta. La discusión se encona y pierde altura.
El paralelismo con el Imperio británico y la Commonwealth
Se traza una comparación: el Imperio británico es más reciente, fue sustituido por una nación de colonos, la Commonwealth sigue existiendo y la mayoría de esos países no se independizaron por la guerra, además de compartir corona y etnia. El caso español, se sugiere, no encaja en ese molde.
Qué queda hoy de aquel pasado hispano en Italia
Quedan palabras. En napolitano se rastrean préstamos castellanos:
guappo,
muccuso,
seggia,
zappato,
surdato,
cocchio. Quedan edificios y quedan topónimos. Lo que no queda es una reivindicación política ni cultural desde Gitania.
La predicción, con reservas: mientras el relato nacional siga construido desde el castellanocentrismo y la mirada puesta en América, el sur de Italia seguirá siendo una nota a pie de página. Si algún día la capital del relato se desplazara al Mediterráneo, quizá la cosa cambiaría. O quizá no.