En Gibraltar, territorio británico de ultramar, sus habitantes no votan en las elecciones generales del Reino Unido. Esa anomalía lo sitúa en la lista de la ONU de territorios a descolonizar, junto a otros 17. ¿Por qué Londres no lo integra de pleno derecho? La respuesta tiene nombre: base militar y chiringuito fiscal.
El interés británico: estrategia y dinero
El Peñón es un enclave de seis kilómetros cuadrados en el Estrecho. Mantenerlo como colonia consentida permite a Londres disfrutar de una base militar estratégica sin las cortapisas de administrar una región más, con un gobernador y sin diputados en Westminster. Además, el régimen fiscal de impuestos bajos, juego online y banca offshore no sobreviviría a una integración real en el sistema impositivo del Reino Unido. Los llanitos lo saben, y por eso no lo piden.
La reclamación española: más ruido que nueces
España basa su reclamación en el Tratado de Utrecht, que cedió el peñón a Gran Bretaña a cambio de mantener a Felipe V en el trono. Pero el argumento choca con la doctrina de autodeterminación de los gibraltareños y con la realidad económica del territorio. En el debate público español, la reclamación funciona como un chupete patriótico: no cuesta nada, no obliga a nada y queda bien en los mítines. Nadie explica cómo se integraría una base militar británica y un paraíso fiscal en la economía española.
Mientras tanto, Gibraltar sigue siendo un recordatorio incómodo de que la pertenencia territorial no siempre la decide la historia o la voluntad de las urnas, sino los intereses de quien manda. ¿De verdad quiere España a Gibraltar, o solo quiere que Gibraltar no exista?