De la espada a la ONG: la guerra por la imagen de los conquistadores
La operación para edulcorar la conquista de América ha cruzado una línea: ya no se discute si los conquistadores fueron héroes o villanos, sino si cabe retratarlos como una brigada de ayuda humanitaria. La corriente hispanista, que reivindica la herencia española en América, se ha lanzado a una campaña de blanqueamiento que irrita casi tanto a los críticos como a los historiadores profesionales. En el centro del choque, la leyenda rosa choca de frente con la leyenda negra, y el resultado es un ruido en el que la verdad histórica pasa de puntillas.
Cuando la leyenda rosa se vuelve caricatura
El contraste es difícil de sostener. Una corriente del relato oficial insiste en presentar la expansión española como un proyecto civilizador, con frailes traduciendo lenguas mesoamericanas para evangelizar mejor. La respuesta de la otra trinchera no cede: si llegas con una cultura, un idioma y una sangre distintas, sometes a la población y eliminas sus raíces, no eres una ONG internacional. Entre medias, algún análisis reclama despojarse del presentismo: ni los indígenas eran hippies agredidos ni los conquistadores eran cooperantes.
La imagen que lo disparó
El detonante concreto ha sido la difusión de una imagen presuntamente manipulada. En la versión que circula, a un conquistador se le habría borrado parte de la nariz con un programa de edición y se le ha superpuesto un bocadillo con la expresión «Cristo Rey» que no aparecía en la original. A la vez, se ha cuestionado la veracidad de un supuesto descendiente del indio Gerónimo, presentado como prueba de la bondad del proceso. La propagación de material falsificado alimenta la sospecha de que la defensa de la hispanidad se apoya en trampantojos.
Mientras las dos leyendas sigan marcando la discusión, lo previsible es que la batalla se degrade antes de madurar. El riesgo es que, en medio de la refriega, se pierda lo único que importa: un relato que no necesite maquillaje.