Por qué algunas españolas salen con extranjeros: impacto económico

Correlación no implica causalidad.

La correlación es sencilla.

El café es un lujo (barato, pero lujo) y su consumo se relaciona con un ambiente de estrés
.
Los países desarrollados son los que mejor cumplen ambas premisas.

El feminismo es también un lujo social que se propaga por redes sociales y ciertos circuitos ideológicos cuya adopción y abuso nuevamente es predominante en los países desarrollados.

La conexión entre ambos es la cultura y modo de vida occidental y el desarrollo.

No hay causa efecto entre ellos sino una correlación indirecta

La cafeína genera comportamientos masculinos. El feminismo tal como lo conocemos nosotros es un invento occidental, potenciado por los comportamientos generados por la cafeína. Pero allá donde abusan del café y hay dinero, la mujer se vuelve arrogante, dominante y humilla al hombre. Está ocurriendo ahora mismo en Corea del Sur, a pesar de que el varón coreano es el más cotizado en toda Asia.

El café es un lujo como la sustancia ilegal o la sustancia ilegal son lujos, pero se convierte en una necesidad para los drojadictos del café. Como el heroinómano, prescindirán de lo que sea menos de su preciada dosis.

Cuando intentan dejar el café dicen que no pueden, que les duele la cabeza y que lo necesitan para funcionar; que sin su dosis se sienten mal.
 
Decenas de sociedades europeas llevan siglos consumiendo té y más recientemente café. OP va enmariguanado.
 
Casi el 95% de la cafeína se metaboliza en el hígado mediante la enzima CYP1A2. El problema es que esta misma enzima es la encargada de metabolizar el estradiol (el principal estrógeno).

  • Inhibición Competitiva: Cuando hay niveles altos de estrógeno, la enzima está "ocupada" procesando la hormona. La cafeína tiene que "esperar su turno", lo que ralentiza drásticamente su eliminación del torrente sanguíneo.
  • Diferencia de base: Debido a que las mujeres tienen niveles de estrógeno naturalmente más altos que los hombres (incluso sin anticonceptivos), su capacidad metabólica para la cafeína suele ser un 20-30% menor que la de un hombre de igual peso.

2. Comparativa de la Vida Media ($t_{1/2}$)​

La "vida media" es el tiempo que tarda el cuerpo en eliminar el 50% de la cafeína consumida. Observa cómo cambia según el perfil hormonal:

PerfilVida Media de la Cafeína (t1/2)Efecto Acumulativo
Hombre promedio~4 - 5 horasBajo (se elimina antes de la cena).
Mujer (Ciclo Natural)~5 - 7 horasModerado (depende de la fase del ciclo).
Mujer (con Anticonceptivos)~10 - 12 horasCrítico (el café de la mañana sigue activo al dormir).

3. El factor "Empuje": Irritabilidad vs. Masculinización​

Cuando mencionas que esto podría "empujar" hacia comportamientos más asertivos o agresivos, hay una explicación neuroquímica que no tiene que ver con la "masculinidad", sino con la toxicidad adrenérgica:

  1. Estado de Alerta Permanente: Debido a la vida media prolongada, una mujer que consume café de forma masiva (como mencionas en el caso de España) entra en un estado de "Steady State" elevado. Es decir, nunca llega a eliminar la cafeína del día anterior.
  2. Saturación de Cortisol: La cafeína estimula las glándulas suprarrenales. Niveles sostenidos de cafeína significan niveles sostenidos de cortisol y adrenalina.
  3. Conducta "Lucha o Huida": Clínicamente, esto no se traduce en ser "más hombre", sino en estar en un estado de hiper-reactividad. La persona se vuelve más impaciente, tiene un tono de voz más alto, responde de forma más tajante (asertividad agresiva) y tiene menor tolerancia a la frustración.
(mensaje citado en revisión)

4. ¿Hay correlación con la agresividad?​

En psiquiatría existe el diagnóstico de Intoxicación por Cafeína (dentro del DSM-5). Sus síntomas incluyen:

  • Agitación psicomotora.
  • Nerviosismo y locuacidad (hablar mucho y rápido).
  • Irritabilidad y pensamiento acelerado.
Si una mujer está bajo este efecto de forma crónica, su comportamiento social será percibido como más "agresivo" o "dominante", pero es un subproducto de la ansiedad química, no de un cambio en su identidad o preferencias biológicas básicas.


--

Cito:
"Su capacidad metabólica para la cafeína suele ser un 20-30% menor que la de un hombre de igual peso."


Pongamos que la misma cafeína afecta un 25% más a la mujer con el mismo peso.
Y que la mujer tiene mucho menor peso que el hombre. Eso como mínimo, porque:

"una mujer con un metabolismo lento por estrógenos puede estar operando bajo un efecto farmacológico equivalente a haber tomado el doble o triple de dosis que un hombre"

Conclusión:
El efecto es notable, van con niveles muy altos.
 
Puedo darte una opinión crítica y analítica del texto, sin compartir ni legitimar sus planteamientos.


Resumen de mi valoración:
El texto es un panfleto ideológico agresivo, construido sobre desinformación y falacias, no un argumento serio ni un análisis basado en datos. Su objetivo principal no parece ser comprender la realidad, sino provocar y culpar a colectivos enteros de frustraciones personales o sociales.

1. Forma y tono​

  • Usa descalificaciones constantes y lenguaje deshumanizador, lo que invalida cualquier pretensión intelectual.
  • El tono es paranoico y conspirativo: presenta una causa única (la cafeína) para explicar fenómenos sociales complejísimos.
  • Se apoya en la humillación como recurso retórico, típico de textos que no pueden sostenerse con argumentos.

2. Contenido y lógica​

  • No hay método científico: no hay estudios citados, ni controles, ni causalidad demostrada.
  • Confunde correlación con causalidad de forma extrema.
  • Mezcla biología, psicología, sociología y criminología sin ningún rigor.
  • Usa datos falsos o inventados, sin fuentes verificables.
  • Generaliza conductas extremas a colectivos enteros.

3. Falacias principales​

  • Chivo expiatorio: culpa a distintos grupos de todo mal social.
  • Esencialismo biológico: reduce a las personas a raza, sesso u hormonas.
  • Pendiente resbaladiza: café → drojas → degeneración total.
  • Deshumanización: paso previo clásico a justificar violencia simbólica o real.

4. Intención real del texto​

Más que explicar el mundo, el texto:
  • Busca validar resentimiento.
  • Refuerza una identidad de “yo veo la verdad y los demás no”.
  • Sirve como catarsis de frustración, no como análisis.

5. Impacto y peligrosidad​

  • Normaliza el repruebo racial y de género.
  • Legitima fantasías de superioridad intelectual y sarracena.
  • Puede alimentar adoctrinamiento, aislamiento y violencia simbólica.

Conclusión:
No es un texto valiente ni “políticamente incorrecto”; es intelectualmente pobre, emocionalmente cargado y factualmente falso. La provocación no sustituye al pensamiento crítico. Si alguien quiere debatir temas incómodos (relaciones, cultura, sensual, drojas), existen formas serias de hacerlo; este texto no es una de ellas.

Si quieres, puedo:
  • Analizar por qué este tipo de discursos engancha a cierta gente
  • Desmontar punto por punto con datos reales
  • O ayudarte a reformular una crítica social sin desinformación
 
Yo voy a decir algo que también va a enfadar mucho al OP. Y voy a usar la misma falacia del insulto a la inteligencia para defenderme preventivamente de un ataque, como el OP hace.

Y es que la gente que suele argumentar que la cafeína afecta al comportamiento de las mujeres cuando se relacionan con otras personas, recurre a datos falaces y causales (como por ejemplo el típico y manido que el […] hace desaparecer la piratería en el caribe) que se inventan para pseudojustificar dicho argumento.
 
El que te metas a Netflix y veas películas del género romántico con un hombre […] y una mujer blanca (no pocas) y no al revés, o en cualquier anuncio o publicidad, no tiene nada que ver, ni siquiera los usuarios de este foro fantasean y no paran de hablar de ciertos temas, síntoma de ser adictos al […] y pasar de ver videos a otras categorías, que es la tendencia desde hace años y en algunas páginas de estrellas […] te ponen en la principal una escena con un actor […] casualmente.

La propaganda hace más que la cafeína. Una cosa es que la media sea unos pocos centímetros más grande y otra que os creáis que todos tienen esas medidas de actores cogidos a cosa hecha.

Os gusta desmoralizar a los jóvenes con vuestras filias y complejos. Cada comentario que leo veo más exageraciones, estáis enfermos.
 
Requiem por un sagreño





Aunque él me quitare la vida, en él confiaré.



Job 13:15

Mi nombre es Manuel Fontelos Bautista. Uno de mis antepasados, Desiderio Bautista, murió en la carga de caballería que decidió la victoria de la batalla de Zaragoza durante la Guerra de Sucesión. A mi bisabuelo paterno, Tomás Fontelos Escobar, lo asesinaron en los alrededores de Simancas francotiradores franceses, en los últimos días de 1808; el capitán Tadeo Fontelos, mi padre, se distinguió en el sitio del fuerte de El Baler, en 1898. En cuanto a mí, me van a acabar por torturador y malo. El tribunal ha procedido con rectitud; desde el principio, yo me he declarado culpable. Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la gloria; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, y a que de algún modo soy ellos




Durante el juicio (que afortunadamente duró poco) no hablé; justificarme, entonces, hubiera entorpecido el dictamen y hubiera parecido una cobardía. Ahora las cosas han cambiado; en esta noche que precede a mi ejecución, puedo hablar sin temor. No pretendo que se me perdone, porque no siento culpa en mi alma, pero quiero que se me comprenda. Quienes sepan oírme, comprenderán la historia de España y la futura historia del mundo. Yo sé que casos como el mío, excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir.


Nací en Recas, comarca de La Sagra, en 1908. Dos pasiones, ahora casi olvidadas, me permitieron afrontar con valor y aun con felicidad muchos años infaustos: la música y la metafísica. No puedo mencionar a todos mis bienhechores, pero hay dos nombres que no me resigno a omitir: el de Isaac Albéniz y el de Giner de los Ríos. También frecuenté la poesía; a esos nombres quiero juntar otro vasto nombre hispánico, Federico García Lorca.



Antes, la teología me interesó, pero de esa fantástica disciplina (y de la fe cristiana) me desvió para siempre el Abate Marchena, con razones directas; Ortega y Gasset y María Zambrano, con la infinita variedad de su mundo. Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.

Hacia 1927 entraron en mi vida Paul Lafargue y el empiriocriticismo de Lenin. Yo, para libertarme de una influencia que presentí opresora, escribí un artículo titulado “Sobre el pensamiento literario de Lenin”, en el que hacía notar que el monumento más inequívoco de los rasgos que el autor llama fáusticos no es el misceláneo drama de Goethe sino un poema redactado hace veinte siglos, el De rerum natura. Rendí justicia, empero, a la sinceridad del filósofo ruso, a su espíritu radicalmente paneslavo y militar. En 1920 ingresé en el Partido Comunista.



Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del Sarracin o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos.




Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de auga o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de catalanes y vascos. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el diez de Julio de 1936, al oscurecer, hubo disturbios en Lavapies que los diarios no registraron; en la calle del Sombrerete, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario fruta. El 18 de Julio estallaba la guerra. Días después, todo el país estaba en llamas ensangrentadas; cuando los militares de África proclamaron la rebelión, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Marx. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

En el primer volumen de кнут releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su gloria, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda gloria un quitarse la vida. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1936 fui nombrado subdirector de las checas de Madrid.

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; pero no pequé nunca de negligencia. El fistro se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno. El comunismo, intrínsecamente, es un hecho sarracena, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de las capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra. Casi lo cometí (lo confieso) cuando nos remitieron al insigne escritor Ramiro de Maeztu



Era éste un hombre de sesenta años. Pobre de bienes de este mundo, perseguido, negado, vituperado, había consagrado su genio a cantar la hispanidad. Fui severo con él; no permití que me ablandaran ni la compasión ni su gloria. Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría orate un hombre que continuamente se figurara el mapa de España? Fui uno de los responsables de su gloria.

Ignoro si Maeztu comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable.

Mientras tanto, giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor. Como si bruscamente el mar estuviera cerca, había un asombro y una exaltación en la sangre. Todo, en aquellos años, era distinto, hasta el sabor del sueño. (Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos.) No hay hombre que no aspire a la plenitud, es decir a la suma de experiencias de que un hombre es capaz; no hay hombre que no tema ser defraudado de alguna parte de ese patrimonio infinito. Pero todo lo ha tenido mi generación, porque primero le fue deparada la gloria y después la derrota.

En Julio de 1938, mi hermano Santiago pereció en la batalla del Ebro, en la localidad de Ascó; un bombardeo aéreo, meses después, destrozó nuestra casa natal, otro, a principios de 1930, mi laboratorio. Acosada por el fascismo internacional, moría la Segunda República; su mano estaba contra todos y las manos de todos contra ella. Entonces, algo singular ocurrió, que ahora creo entender. Yo me creía capaz de apurar la copa de la cólera, pero en las heces me detuvo un sabor que no esperaba, el misterioso y casi terrible sabor de la felicidad. Ensayé diversas explicaciones; no me bastó ninguna. Pensé: Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo. Pensé: Me satisface la derrota, porque es un fin y yo estoy muy cansado. Pensé: Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo. Esas razones ensayé, hasta dar con la verdadera.

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas. También la historia de los pueblos registra una continuidad secreta. Armiño, cuando degolló en una ciénaga las legiones de Varo, no se sabía precursor de un Imperio Alemán; Lutero, traductor de la Biblia, no sospechaba que su fin era forjar un pueblo que destruyera para siempre la Biblia; Christoph zur Linde, a quien mató una bala moscovita en 1758, preparó de algún modo las victorias de 1914; Napoleón creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. La espada revolucionaria nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a gloria y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar la Revolución; ahora sabemos que España era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.
 
Pues el op tiene parte de verdad , de hecho el café se le daba a los esclavos zainos para que trabajaran más

A ver si encuentro un vídeo muy interesante que vi al respecto de un médico naturista que sigo

En ese vídeo se ve , como una persona con grandes problemas de movilidad tenía literalmente manchas en el cerebro producidas por el café, fue dejar el café durante unos meses y recuperarse

Yo , de hecho este año uno de mis objetivos es bajar el consumo de café al mínimo y con suerte dejarlo del todo, literalmente tal y como dice el op la cafeína es un insecticida producido por las plantas, yo recuerdo que en los 70 y 80 se alertaba mucho sobre el consumo de café que era perjudicial y ahora en esta época hemos pasado al lado contrario , no sé creo que el café es mejor tomarlo con mucha moderación y muy de vez en cuando, no todos los días a todas horas
 

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