La resistencia del Gobierno Sánchez: ni el asedio mediático ni la moción de censura lo derriban
El 60% de los españoles no vota al PSOE, pero eso no significa que el presidente Pedro Sánchez vaya a caer por mucho que algunos medios y tertulias lo anuncien a diario. Paradójicamente, cuando más fuerte arrecian las críticas –desde programas de radio hasta editoriales en prensa–, más se enquista la legislatura. La pregunta no es si Sánchez adelantará elecciones, sino si el sistema parlamentario aguantará el pulso.
La paradoja de la democracia española
Un cálculo recurrente entre los analistas más escépticos señala que solo el 25% de los votantes que acuden a las urnas eligen al PSOE. Sobre un censo del 60% de participación, eso arroja que menos del 15% del total de la población ha respaldado directamente al partido en el Gobierno. Sin embargo, la formación de gobierno en España no depende de mayorías absolutas, sino de pactos. Y aquí aparece el primer argumento de los defensores del Ejecutivo: la coalición con Unidas Podemos y el apoyo de fuerzas independentistas, aunque polémico, es legal y constitucional. La legitimidad democrática no se mide solo en papeletas, sino en la capacidad de articular mayorías en el Congreso.
El asedio mediático y judicial
La ofensiva que algunos describen como «golpe mediático» comenzó hace semanas, con tertulias radiofónicas y editoriales reclamando un adelanto electoral. El punto álgido llegó cuando el periodista Alsina afirmó en antena que «hay que adelantar elecciones porque así lo dicen la mayoría de las radios». A esto se sumó la difusión de informaciones sobre una presunta financiación ilegal y la contratación de la abogada Leire Díez, a quien se vincula con una estrategia para desestabilizar judicialmente al entorno de Sánchez. Y, sin embargo, el Gobierno no se tambalea: el presidente se atrinchera, convoca reuniones de urgencia y niega cualquier escenario de dimisión.
¿Moción de censura o final de legislatura?
La oposición ha jugado sus cartas. Ione Belarra, de Podemos, llegó a anunciar en TVE que apoyarían una moción de censura; horas después, el partido se desdijo. Mientras, el PNV y Coalición Canaria declararon que la legislatura «se ha terminado». La especulación sobre una moción en otoño, tras posibles condenas contra familiares del presidente, alimenta las portadas. Pero todo ello contrasta con la realidad parlamentaria: el PP necesitaría sumar apoyos de la extrema derecha y de grupos independentistas, algo que en el actual tablero parece improbable.
¿Hasta cuándo aguantará el pulso? Quien espere un giro repentino –adelanto electoral, dimisión o moción exitosa– probablemente se lleve una decepción. La dinámica política española lleva décadas demostrando que los gobiernos no caen por presión mediática, sino por fallos en la aritmética parlamentaria. Y de momento, esa aritmética sigue dando oxígeno a Sánchez.