OnlyFans: cuando reconocer el oficio dispara el debate
Una dentista de familia acomodada se sentó en un plató y, en lugar del discurso de la ‘empresaria digital’, pronunció la frase que nadie quería oír: esto, con todas las letras, es prostitución. La entrevista se convirtió en un fenómeno en cuestión de horas. No por el escándalo, sino porque alguien puso cifras a la única industria que en plena precariedad sigue creciendo.
Las cifras que se mueven en OnlyFans
Los ingresos declarados oscilan entre 20.000 y 40.000 euros mensuales brutos. Algunos análisis hablan de 30.000; otros, los más prudentes, estiman que quien abandona un trabajo ‘honesto’ por estas plataformas ronda los 5.000 o 6.000 brutos, muy por encima de los 2.000 netos que se ofrecen en empleos convencionales. La disparidad refleja un sector con dos realidades: la cima factura fortunas, la base de la pirámide pelea contra el exceso de oferta. En plataformas competidoras, las sesiones en directo se suceden durante horas sin que entre un suscriptor, y el saldo mensual no llega a los 2.000 euros. La distribución es brutal. El desglose completo de cuánto se queda la plataforma y cuánto la creadora, y a qué ritmo se quema la marca personal, rara vez aparece en entrevistas promocionales.
Por qué un sueldo de 1.250 euros no compite
La justificación económica es contundente. Con jornadas de 8 a 10 horas por 1.250 euros al mes, y un salario modal clavado en el SMI, la decisión de probar suerte en estas plataformas resulta racional. No es una elección ideológica, es aritmética básica. El argumento se sostiene solo: cuando el empleo formal no permite independizarse ni compartir piso, el coste de oportunidad de dedicarse al contenido adulto se desploma. Y no hay superioridad moral que funcione contra una cuenta corriente.
El doble rasero de una industria incómoda
La incomodidad del debate no es solo económica. Se ha pasado de la condena al oficio a la condena por alardear de él. Los mismos que consumen porno gratis en masa se escandalizan cuando alguien lo cobra. La discusión mezcla moral, hipocresía y un mercado laboral sin alternativas. Hay quien sostiene que estas entrevistas refuerzan el estigma; otros creen que romper el eufemismo de la ‘creadora de contenido’ es el primer paso para entender de qué se habla realmente.
Mientras tanto, el salario modal sigue anclado al SMI y el 90% de la población no alcanza los 45.000 euros anuales. Esa sí es una cifra verificable. El resto, lo que se gana o deja de ganarse con el cuerpo propio, pertenece al terreno de la autopercepción y del márketing. Pero cuando alguien lo reconoce abiertamente, el debate deja de ser un tabú y se convierte en un balance.