El fin de la pareja: por qué los hombres abandonan el matrimonio y el trabajo
La tesis de la sexóloga australiana Bettina Arndt ha penetrado en el debate público: el retraimiento de muchos hombres del trabajo y el matrimonio no es un fracaso, sino una respuesta racional a un entorno de incentivos rotos. En España, donde las tasas de nupcialidad caen y la participación laboral masculina se estanca, la discusión trasciende la anécdota.
La tesis de Bettina Arndt
Arndt sostiene que el pacto tradicional hombre-proveedor / mujer-cuidadora se ha desquiciado. El hombre ya no obtiene suficientes beneficios a cambio de proveer; al mismo tiempo, caen tanto la participación laboral masculina como las tasas de matrimonio. El argumento central: los hombres perciben las relaciones como poco atractivas por mayor desconfianza, polarización política y expectativas irreales.
Cifras y realidades del debate
En el intercambio de análisis aparece un dato llamativo: en China, se menciona una proporción de 9 mujeres por cada hombre, con mujeres que rechazan a candidatos sin apartamento en el centro y dote de 100.000 euros. En España, se apunta a que los migrantes varones compiten en el mercado de pareja, tensando aún más la oferta. Las cuentas no salen: hay más solteros que solteras hasta cierta edad, porque mujeres jóvenes se casan con hombres divorciados de mediana edad con poder adquisitivo.
Posturas enfrentadas
Una corriente de opinión defiende que el hombre se retira racionalmente: trabajar lo justo, evitar hipotecas impagables y buscar el hedonismo. Otra corriente responsabiliza a las mujeres y al sistema legal (denuncias falsas, VioGén) de haber roto el pacto. Una tercera, más escéptica, señala que el problema no es de género sino de falta de sentido colectivo: sin patria ni comunidad, el individuo se desconecta.
El futuro de la pareja
La pregunta que queda abierta es si esta desconexión es reversible. Los que apuestan por el hedonismo no parecen preocupados; los que añoran la familia tradicional prevén un aumento de la soledad en la vejez. El dato que nadie acaba de explicar: por qué, pese a todo, la mayoría sigue emparejándose. Quizá la respuesta sea que el ser humano no es racional, sino que busca compañía aunque sea una trampa.
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