Escenarios donde ganar era imposible: de Boabdil a Cervera
Hay derrotas que se pueden evitar con un cambio de plan. Y hay otras en las que el resultado está escrito antes de empezar. La pregunta que recorre esta discusión histórica es sencilla: ¿qué escenarios hacían imposible la victoria incluso antes del primer disparo? La respuesta corta: unos cuantos, y muy bien documentados.
El caso más citado es el de
Boabdil, el último rey nazarí de Granada. La frase atribuida a su madre —llorar como mujer lo que no supo defender como hombre— resume un juicio que la historiografía repite desde hace cinco siglos. Pero el análisis que se despliega aquí es más matizado: el reino estaba aislado, sin ayuda efectiva del norte de África, y los Reyes Católicos contaban con una superioridad numérica y logística abrumadora.
No tenía forma de ganar, se sostiene en el planteamiento inicial.
¿Tenía Boabdil alguna opción real contra los Reyes Católicos?
No, según la mayoría de los análisis que se cruzan aquí. El trono nazarí estaba en disputa interna: su tío, conocido como El Zagal, controlaba Baza, Guadix, Málaga y Almería, y era considerado mejor militar y estratega. Los Reyes Católicos aprovecharon esa división para eliminar primero a El Zagal y después sitiar Granada. Boabdil, mientras tanto,
no hizo nada en absoluto mientras caían las posesiones de su tío, según la versión más crítica.
Los números que se manejan en la discusión son elocuentes. En el sitio de Málaga, Fernando contaba con
20.000 caballos, 50.000 infantes y 8.000 hombres de apoyo frente a 15.000 defensores. En el sitio de Vélez-Málaga, los nazaríes de El Zagal disponían de 1.000 caballos y 20.000 soldados. La conclusión que se extrae es que los contingentes cristianos eran claramente superiores, aunque no imposibles de derrotar en el campo de batalla.
La comparación con otros asedios históricos refuerza el argumento. Los bizantinos resistieron en Constantinopla con
unos 7.000 hombres contra 140.000 turcos y provocaron el triple de bajas al enemigo. Boabdil, en cambio, contaba con unos 20.000 soldados frente a no más de 80.000 cristianos. ¿Quién lo tuvo más crudo? ¿Quién echó más huevos? La respuesta que se impone es incómoda para el rey nazarí.
La escuadra de Cervera en Santiago de Cuba: ¿era evitable la derrota?
El segundo gran escenario imposible es el naval de 1898. La escuadra del almirante Cervera salió de Santiago de Cuba para enfrentarse a la armada estadounidense en condiciones desesperadas.
Más vale honra sin barcos que barcos sin honra, se justificó entonces. La orden venía del gobierno, y los barcos no podían ser apresados sin combatir.
El problema era logístico antes que táctico. Carbonear era una tarea lenta y pesada, y mantener los buques activos habría requerido una flota de mercantes con puntos de encuentro predefinidos, una logística que estaba más allá de las capacidades de la España de la época. Operar desde Puerto Rico tampoco resolvía nada: los estadounidenses habrían bloqueado el puerto igualmente. Y estaba Inglaterra, cuyo papel en el conflicto se menciona como factor decisivo.
La comparación de fuerzas era demoledora. En 1907, solo nueve años después, Estados Unidos puso en movimiento
dieciséis acorazados más sus escoltas en una vuelta al mundo. En 1906, durante la Conferencia de Algeciras, enviaron ocho acorazados al Mediterráneo. Por cada barco que España pudiera poner en liza, ellos podían poner cinco más. Tenían algo que España no tenía: astilleros y potencia económica.
El Pelayo y el Carlos V: ¿habrían cambiado algo en Cuba?
Una de las hipótesis más repetidas es que España contaba con dos buques modernos que no intervinieron en la guerra: el
Pelayo, apodado El solitario, con casi 10.000 toneladas de desplazamiento y 105 metros de eslora, artillado con dos piezas de 320 milímetros, y el
Carlos V. Ambos fueron asignados a proteger las costas españolas.
La contraargumentación es contundente. El Pelayo ya estaba desfasado en aquella época, y el Carlos V no era más que un crucero protegido sin nada relevante que además no estaba alistado. Los cañones García-Hontoria habían quedado obsoletos y no podían compararse con los más modernos. Cuando se creó una flotilla con estos barcos para enviarla a Filipinas, ya dejaba bastante claro que en Cuba no tenían nada que hacer.
El problema de fondo era estructural: España tenía flota sobre el papel, pero las carencias económicas dejaban un entrenamiento muy pobre y una eficacia baja en combate. Enviar esos barcos a Cuba habría supuesto perderlos irremediablemente. Por eso no se enviaron.
La flota rusa en Tsushima y otros escenarios sin salida
El periplo de la flota rusa circunnavegando toda Eurasia hasta Tsushima es otro ejemplo de misión imposible.
Mucho fue que con las capacidades de la época simplemente llegaran casi todos. El resultado final estaba cantado antes de zarpar.
En la misma categoría entran el 7º de caballería en Little Bighorn —Custer fue allí para morir, se sentencia— o la escuadra de Cervera. También se mencionan escenarios contemporáneos: la lucha contra el Nuevo Orden Mundial, donde se argumenta que el control es total y que el 80% de la población actúa como NPC; o Hacienda, de la que se dice que siempre gana, aunque se recuerda que Xavi Alonso ganó su juicio.
La lista se cierra con situaciones cotidianas que también parecen imposibles de ganar: denunciar por ruidos a vecinos con un bebé recién nacido, jugar al ping pong contra la pared, o la posición de España en el Sáhara Occidental, donde se sostiene que no hay ningún escenario donde quede bien.
La discusión deriva hacia el detalle técnico: ¿podía la flota estadounidense cruzar el Atlántico? ¿Eran fiables sus acorazados clase Indiana? Se apunta que dos de ellos casi vuelcan durante el trayecto a atacar San Juan de Puerto Rico, y que en ese ataque dispararon
4.000 cañonazos sin dañar el fuerte. La conclusión que se impone es que, incluso en el bando ganador, la victoria no estaba garantizada por la calidad del material.
¿Y si la historia hubiera sido distinta con otra decisión? Es la pregunta que queda flotando. Porque si algo demuestra este repaso es que hay derrotas que se pueden evitar y otras que están escritas en el guion antes de que nadie empuñe un arma.