La guerra de Granada no la iniciaron los Reyes Católicos: el ataque a Alhama fue una vendetta andaluza
La narrativa oficial coloca a Isabel y Fernando al frente de la conquista del reino nazarí de Granada, culminada en 1492. Sin embargo, un episodio menos conocido sostiene que la guerra no la iniciaron los monarcas, sino un noble andaluz que actuó por su cuenta tras una afrenta. En diciembre de 1481, los nazaríes tomaron por sorpresa el enclave cristiano de Zahara de la Sierra (Cádiz), matando a unos 200 soldados y capturando a otros 700. La noticia encendió al marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, quien, sin esperar orden de la corte castellana, organizó un ejército de 4.000 hombres junto a Diego de Merlo, asistente de Sevilla.
Una incursión sin permiso real
La respuesta del marqués no fue una operación defensiva, sino una ofensiva directa contra el corazón del reino enemigo. En lugar de reforzar la frontera, su tropa se adentró 38 kilómetros en territorio nazarí, hasta Alhama de Granada, y la asaltó el 28 de febrero de 1482 tras un intenso combate calle a calle. La toma de Alhama desencadenó la respuesta militar de los nazaríes y forzó a los Reyes Católicos a involucrarse en una guerra que, hasta entonces, no figuraba en sus planes. De hecho, Granada era un estado tributario que proporcionaba a Castilla acceso privilegiado a productos del Mediterráneo oriental —como el lapislázuli afgano usado en los frescos de la catedral de Sevilla—, un chollo comercial que los venecianos envidiaban.
¿Quiso la corte la guerra?
Hay quien sostiene que los monarcas no tenían interés en conquistar el reino nazarí, cómodos con la situación de vasallaje. La serie histórica "Isabel" retrata cómo el conflicto fue el resultado de varias carambolas del azar, como la muerte de los herederos varones que acabó ligando España a los Habsburgo. Si la guerra de Granada no fue planeada desde la corte, sino provocada por la venganza de un noble andaluz, el relato tradicional de una cruzada nacionalista se tambalea. La evidencia apunta a que la corona se limitó a capitalizar un conflicto ya en marcha.
Con este precedente, la pregunta sobre quién tiró realmente la primera piedra sigue abierta, y los historiadores probablemente seguirán debatiendo si fue el orgullo de un marqués o la ambición de una reina la que encendió la mecha.