Poliuretano, Alucobond o Larson: nadie aclara qué revestía la fachada
Un edificio de viviendas levantado en 2005 en Valencia se convirtió en una tea vertical en pocos minutos y todas las miradas apuntaron al mismo sitio: la envolvente que cubría su fachada, revestida con poliuretano según las primeras informaciones difundidas. Hay un detalle administrativo que añade sal a la herida. La norma que obliga a interrumpir verticalmente las fachadas ventiladas para que el fuego no suba es de
2009, según se apunta en el hilo. La finca era cuatro años anterior.
En pleno suceso circuló el texto de un blog especializado en seguridad contra incendios que sostenía justo lo contrario de lo que mostraban los vídeos: «El aislamiento de poliuretano garantiza la seguridad contra incendios». Según esa versión, el material se convierte en «una barrera protectora» y deja el edificio y a quienes están dentro «más protegidos contra el fuego». La incredulidad fue generalizada.
Qué material revestía la fachada del edificio incendiado
La información publicada se contradice sin pudor. La prensa valenciana apuntó a paneles de tipo
Alucobond, que según la ficha del fabricante son dos láminas de aluminio con un núcleo de agregado mineral «difícilmente inflamable o no inflamable». Otra pista, esta vez a partir de imágenes de satélite de 2008 tomadas durante la obra, señala paneles de la marca Larson, que se fabrican en dos versiones: núcleo de resinas termoplásticas de polietileno (PE) o núcleo mineral (FR).
Ahí está el nudo del asunto. La diferencia entre esas dos versiones es, literalmente, la diferencia entre arder y no arder. Del mismo modo que no es lo mismo un panel de aluminio con relleno plástico que uno con relleno mineral, tampoco es lo mismo hablar de poliestireno expandido, de poliuretano o de polietileno: son familias distintas, con tratamientos distintos y comportamientos al fuego que no se parecen.
¿Es inflamable el poliuretano?
Sí, como casi todo. La pregunta útil es cuánto y de qué manera. Dentro de la familia del poliuretano hay expandido, extruido y proyectado, y también aparece en pinturas y barnices. Todos son combustibles y a la temperatura adecuada arden; lo que cambia es el punto al que prenden y su capacidad de propagar la llama. Algunas formulaciones están pensadas para retrasar el fuego y otras lo magnifican.
En el otro extremo están los sistemas con lana de roca, clasificados
A1 —no combustibles— y con una conductividad térmica de
λ = 0,036 W/mK. La espuma fenólica comparte la misma clasificación A1, pero con mejor comportamiento aislante:
λ = 0,021 W/mK. La discusión, por tanto, no es «aislar sí o no», sino con qué se aísla y quién certifica ese material. Basta ver el lío de nombres que circula en cada versión de los hechos para entender por qué conviene esperar al dato oficial del ensayo.
El efecto chimenea de la fachada ventilada
Una cámara de aire continua entre el aislamiento y el acabado exterior funciona como un tiro de chimenea: el hueco aspira aire por abajo y lo expulsa caliente por arriba. Por eso la normativa posterior exige interrupciones verticales que corten ese recorrido. En un edificio anterior a esas exigencias, la barrera simplemente no está.
Quien firma como arquitecto en el hilo sostiene que incluso sin poliuretano, una fachada ventilada mal compartimentada habría dado más margen a los bomberos, y que fue el poliuretano lo que magnificó el fuego. Con un aislante que arde bien, ese margen se evapora.
Pamplona, Navarra y el negocio de las envolventes
Navarra aparece señalada como territorio líder en España, y quizá en Europa, en envolventes térmicas de fachada. Pamplona llama la atención por la cantidad de edificios antiguos rehabilitados con este tipo de soluciones, y hay un puñado de empresas que se dedican a instalarlas sobre construcciones ya existentes. Se vendieron como eficiencia energética y modernidad, con la etiqueta de la sostenibilidad por delante.
Conviene separar dos cosas que la conversación mezcla: el SATE no es lo mismo que una fachada ventilada, y de ahí vienen no pocos malentendidos. Lo que ambas comparten es que el resultado depende del material exacto colocado, no de la palabra que figure en el presupuesto.
La derrama que viene
Retirar y sustituir una envolvente completa no es una reparación menor. Si se revisan fachadas, la factura recaerá sobre comunidades de propietarios que ya pagaron una vez por aislar. Hay quien calcula que muchos van a tener que pagar dos veces la reforma de la misma fachada, y quien avisa de que se avecinan normativas y millones en derramas.
Por ahora nadie ha publicado la clasificación de reacción al fuego de lo que cubría esa fachada concreta. Mientras no salga, la discusión seguirá girando sobre vídeos y fichas de producto. ¿Cuántos de los edificios rehabilitados con estas soluciones pasarían hoy una prueba que nadie les ha hecho nunca?