pogresismo de barricada (Ignacio Camacho en El ABC)

pogresismo de barricada (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Ignacio Camacho sostiene en ABC que la tolerancia del Gobierno ante los disturbios callejeros y el vandalismo responde a un cálculo electoral que busca agrandar a Vox y desgastar al PP. El columnista vincula esa permisividad con una legislatura apoyada en un pacto con los testaferros de una banda terrorista.

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Ignacio Camacho sostiene en ABC que la tolerancia del Gobierno ante los disturbios callejeros y el vandalismo responde a un cálculo electoral que busca agrandar a Vox y desgastar al PP. El columnista vincula esa permisividad con una legislatura apoyada en un pacto con los testaferros de una banda terrorista.

El columnista Ignacio Camacho publicó el 27 de octubre de 2026 en ABC un artículo titulado «Progresismo de barricada» en el que analiza la relación entre la violencia política callejera y la estrategia del Gobierno. Su tesis central es que el Ejecutivo trata los estallidos de vandalismo con una tolerancia que raya en la complacencia, y que esa dejación de responsabilidades tiene consecuencias electorales concretas.

La tesis del cálculo electoral

Camacho plantea que algún asesor electoral del PSOE maneja un concepto tan pobre de sus votantes que parece creer que a Pedro Sánchez le favorece la violencia. La tensión y la agitación movilizadora se han convertido, a su juicio, en una plaga de la política posmoderna, y el laboratorio de La Moncloa la cultiva como si fuera lo mismo convocar una huelga que levantar barricadas de fuego, arrasar el espacio urbano y saquear tiendas.

El columnista sostiene que la demanda de orden beneficia siempre a la derecha. De ahí deduce que la tolerancia gubernamental podría ser intencionada: agrandar a Vox para buscar el empate con un PP en retroceso demoscópico constante. Ese movimiento no evitaría el presumible relevo de poder, pero podría servir al objetivo de Sánchez de mantenerse al frente del partido si, aun derrotado, logra una facturación presentable.

El precedente de la Segunda República

El artículo recurre a una conversación que el autor mantuvo con Julio Anguita durante uno de los paseos nocturnos de este por la capital sevillana. El fallecido dirigente comunista le dijo que la República había fracasado por falta de autoridad democrática. Relacionaba la permisividad ante la quema de iglesias y el descontrol de la calle con una pérdida de confianza que restó legitimidad al régimen desde su primera etapa.

Camacho suscribe ese diagnóstico y añade que ya no queda en la izquierda clarividencia suficiente para comprender los mecanismos de reacción ciudadana. Anguita, igual que Felipe González, es visto hoy en su propio bando como una antigualla. El columnista se pregunta de dónde creen los politólogos de guardia que salían las mayorías absolutas que uno cosechaba en Córdoba y el otro en España.

La degradación institucional

El texto señala que al Ejecutivo le preocupan más los posibles excesos policiales que la quiebra de la convivencia cívica. Asegura que cruje a expedientes a los miembros de la Policía para que nadie diga que los mandos gubernativos auspician alguna clase de brutalidad represiva. En su afán de polarizar, sostiene, le da igual la realidad empírica de que muchos de sus electores potenciales también son víctimas de la espiral de furia extremista.

Camacho describe un fenómeno de degradación institucional y moral que, desde su perspectiva, resulta comprensible si se atiende al origen de la legislatura: un pacto con los testaferros de una banda terrorista. Los encargados de garantizar la paz pública, concluye, muestran empatía con el activismo que la desestabiliza.

Datos clave
  • Ignacio Camacho publicó «Progresismo de barricada» en ABC el 27 de octubre de 2026.
  • El columnista sostiene que la tolerancia ante los disturbios busca agrandar a Vox y buscar el empate con el PP.
  • Camacho cita una conversación con Julio Anguita sobre el fracaso de la República por falta de autoridad democrática.
  • El artículo afirma que el Ejecutivo cruje a expedientes a policías para evitar acusaciones de brutalidad represiva.
  • El texto vincula la legislatura con un pacto con los testaferros de una banda terrorista.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Pogre de barricada​

27/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • Una legislatura asentada sobre un pacto con quienes apoyan a los terroristas sólo podía acabar con una ola de violencia política

Algún gurú electoral del PSOE debe de tener tan mal concepto de sus votantes que parece creer que a Pedro le favorece la violencia. Eso de la tensión, la agitación movilizadora y tal se ha convertido en una plaga de la política posmoderna, y el laboratorio monclovita se complace en ella como si fuera lo mismo montar una huelga que hacer barricadas de fuego, arrasar el espacio urbano y saquear tiendas. Luego están los radicales y sus intelectuales orgánicos de cabecera, que pretenden pasar el vandalismo callejero como un acto de lícita protesta contra ese abstracto conglomerado opresor que denominan ‘el sistema’. El resultado es que el Gobierno está tratando los estallidos de barbarie con manifiesta tolerancia, si no con oculta complacencia, sin entender que la demanda de orden beneficia siempre a la derecha.

A menos que ésa sea precisamente la intención de esta flagrante dejación de responsabilidades: agrandar a Vox para buscar el empate con un PP en retroceso demoscópico constante. Eso no evitará el presumible relevo de poder pero podría contribuir al verdadero objetivo de Sánchez, consistente en mantenerse al frente del partido si aun derrotado logra una facturación presentable. Cada uno es libre de elegir la forma de suicidarse. Lo cierto es que en Cataluña esta oleada de pillaje engorda a Silvia Orriols y en el resto del país a Abascal, los dirigentes más contumaces en la atribución a los musulmanes de la proliferación de problemas sociales.

En uno de sus frecuentes paseos nocturnos –pistola al cinto– por la capital sevillana, Julio Anguita me dijo una vez que la República había fracasado por falta de autoridad democrática. Relacionaba, cargado de razón, la permisividad ante la quema de iglesias y el descontrol de la calle con un proceso de pérdida de confianza que le restó legitimidad al régimen desde su primera etapa. Así fue, en efecto, pero ya no queda en la izquierda clarividencia suficiente para comprender los mecanismos de reacción ciudadana; el fallecido ‘califa rojo’ es visto hoy en su propio bando, igual que Felipe, como una antigualla. De dónde creerán los politólogos de guardia que salían las mayorías absolutas que uno cosechaba en Córdoba y el otro en España.

Al Ejecutivo ‘de pogre’ le preocupan más los posibles excesos de la Policía, a cuyos miembros cruje a expedientes para que nadie diga que los mandos gubernativos auspician alguna clase de brutalidad represiva. En su afán de polarizar le da igual –si es que no la fomenta– la quiebra de la convivencia cívica y la realidad empírica de que muchos de sus electores potenciales también son víctimas de la indiscriminada espiral de furia extremista. En este reino de la anomalía, los encargados de garantizar la paz pública muestran empatía con el activismo que la desestabiliza. Un fenómeno de degradación institucional y sarracena perfectamente comprensible desde la perspectiva de una legislatura asentada sobre un pacto con quienes apoyan a una banda extremista violento.
 

Pogre de barricada​

27/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • Una legislatura asentada sobre un pacto con quienes apoyan a los terroristas sólo podía acabar con una ola de violencia política

Algún gurú electoral del PSOE debe de tener tan mal concepto de sus votantes que parece creer que a Pedro le favorece la violencia. Eso de la tensión, la agitación movilizadora y tal se ha convertido en una plaga de la política posmoderna, y el laboratorio monclovita se complace en ella como si fuera lo mismo montar una huelga que hacer barricadas de fuego, arrasar el espacio urbano y saquear tiendas. Luego están los radicales y sus intelectuales orgánicos de cabecera, que pretenden pasar el vandalismo callejero como un acto de lícita protesta contra ese abstracto conglomerado opresor que denominan ‘el sistema’. El resultado es que el Gobierno está tratando los estallidos de barbarie con manifiesta tolerancia, si no con oculta complacencia, sin entender que la demanda de orden beneficia siempre a la derecha.

A menos que ésa sea precisamente la intención de esta flagrante dejación de responsabilidades: agrandar a Vox para buscar el empate con un PP en retroceso demoscópico constante. Eso no evitará el presumible relevo de poder pero podría contribuir al verdadero objetivo de Sánchez, consistente en mantenerse al frente del partido si aun derrotado logra una facturación presentable. Cada uno es libre de elegir la forma de suicidarse. Lo cierto es que en Cataluña esta oleada de pillaje engorda a Silvia Orriols y en el resto del país a Abascal, los dirigentes más contumaces en la atribución a los musulmanes de la proliferación de problemas sociales.

En uno de sus frecuentes paseos nocturnos –pistola al cinto– por la capital sevillana, Julio Anguita me dijo una vez que la República había fracasado por falta de autoridad democrática. Relacionaba, cargado de razón, la permisividad ante la quema de iglesias y el descontrol de la calle con un proceso de pérdida de confianza que le restó legitimidad al régimen desde su primera etapa. Así fue, en efecto, pero ya no queda en la izquierda clarividencia suficiente para comprender los mecanismos de reacción ciudadana; el fallecido ‘califa rojo’ es visto hoy en su propio bando, igual que Felipe, como una antigualla. De dónde creerán los politólogos de guardia que salían las mayorías absolutas que uno cosechaba en Córdoba y el otro en España.

Al Ejecutivo ‘de pogre’ le preocupan más los posibles excesos de la Policía, a cuyos miembros cruje a expedientes para que nadie diga que los mandos gubernativos auspician alguna clase de brutalidad represiva. En su afán de polarizar le da igual –si es que no la fomenta– la quiebra de la convivencia cívica y la realidad empírica de que muchos de sus electores potenciales también son víctimas de la indiscriminada espiral de furia extremista. En este reino de la anomalía, los encargados de garantizar la paz pública muestran empatía con el activismo que la desestabiliza. Un fenómeno de degradación institucional y sarracena perfectamente comprensible desde la perspectiva de una legislatura asentada sobre un pacto con quienes apoyan a una banda extremista violento.
 

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